domingo, 4 de febrero de 2018

CABOS SUELTOS

Cuando llamó a la puerta, hacía poco rato que se había hecho de noche. En el mes de diciembre Fabián encerraba el ganado antes de las seis y se quedaba en casa, tirado en el sofá, al lado de la estufa para calentarse los pies y el resto del cuerpo, frente al televisor, hasta la hora de la cena. Después de todo un día de invierno por el monte, solo le apetecía descansar.
Generalmente veía las noticias y el tiempo, pero aquella tarde había sucedido algo tan inusual, en esta parte de Teruel donde nunca ocurría nada, que ocupaba todo el espacio del informativo.  
En estos pueblos no se acostumbra a tener mirilla detrás de la puerta, ni cadena de retención, incluso hasta hace poco las casas solían estar abiertas, sin llave, con lo que no era necesario tocar el timbre ni esperar a que te abrieran, sino que se empujaba la puerta y una vez dentro se llamaba al anfitrión a voz en alto.
Pero desde que se generalizaron algunos robos por el Maestrazgo la gente estaba más intranquila. El vaso lo colmó la gota aquella noche que ataron a Matilde en Tronchón para robarle siete mil euros a las tres de la madrugada. Semejante canallada, a una mujer tan amable que se entregaba por completo en contentar a su clientes con sus exquisitas y copiosas recetas al más estilo casero y con ingredientes de pueblo, había alarmado tanto a toda la contornada, que los vecinos de todos aquellos pueblos y masadas habían quedado perturbados con una sensación de indefensión absoluta, solitarios y aislados en medio de una región de terreno tan despoblada como extensa, una comarca en la que nunca se imaginaron que pudiera pasar nada malo. Cualquiera pensaba que con los cuatro gatos que quedaban no se podía ya liar ningún altercado de aquella magnitud. La tranquilidad era una seña de identidad propia de la zona.
Fabían y Rosa habían invitado en varias ocasiones a comer a algunos amigos en casa Matilde y la conocían bien.
En aquel altiplano, noticias como esta resuenan mucho y perduran en el tiempo, aunque al final la gente acaba haciendo vida normal ¿qué otra cosa podrían hacer?
Oyó los ladridos de Marcelo desde el corral y al poco, dos fuertes golpes en la aldaba de la puerta, esa que les hizo Paco el Herrero forjada a martillo en la fragua con forma de cabeza de cabra montés y a la que agregó dos pequeñas puntas de cuerno pegadas para decorarla.
Retiró los pies descalzos del cojín donde los tenía apoyados mirando con sus plantas hacia la lumbre tras el cristal ennegrecido de la estufa. Se calzó en ellos las pantuflas y se dirigió a la entrada diciendo “Ya va, ya va”.
Creía que sería algún vecino suyo que venía para charlar un rato, o Juan Chanaca que deseaba arreglar el alquiler de la hierba de sus campos para la próxima temporada, a fin de que pudiesen pastar las ovejas Fabían una vez recogida la cosecha.
Ni por asomo se le pasó por la cabeza pensar que quien tocaba a la puerta pudiera estar relacionado con aquello que estaban emitiendo en el telediario. Acababan de decir, que el perseguido estaba atrincherado en un Bar de la ciudad y con rehenes.
Nada más abrir el pestillo, el visitante empujó la puerta violentamente y antes de darse cuenta tenía el negro cañón de una pistola apuntándole directamente a la cara a no más de dos palmos. Fabián solo pudo levantar sus dos manos en solicitud de calma. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo en su propia casa. La mirada penetrante del asaltante no dejaba lugar a dudas y Fabián se rindió a la evidencia suplicando con un gesto más de tranquilidad que de clemencia. Ni siquiera le paso por la cabeza abalanzarse sobre él. Su mujer y su hija habían salido al recibidor y a Rosa se le escapó un entrecortado grito tapando acto seguido la boca de la menor que tenía delante abrazándola hacia sí.
En el pueblo nadie sospecharía que estaba allí. La ciudad entera estaba aterrorizada. Las calles estaban desiertas pensado que el tiroteador estaba escondido escurriéndose entre los coches aparcados, pero aquí en lo más profundo de la sierra todos creían que huiría hacia otro lado, camino de la costa o hacia el norte donde poder encontrar más gente y más carreteras para camuflarse mejor.
Fabían y Rosa habían decidido construir su casa en las afueras del pueblo, junto a la carretera con una mejor salida hacía cualquier lugar y en contacto directo con el sol y el campo. El extraño hombre de gris había aparcado el coche en el cobertizo por lo que no se vería desde la carretera, aunque pasase la patrulla de la Guardia Civil.
El pistolero obligó a Fabián a colocarse una anilla de las esposas que llevaba ancladas en su muñeca izquierda en cuya mano portaba una botella de vodka.
Apestaba a alcohol pero no le temblaba el pulso. Su semblante parecía firme y decidido a no titubear, si notaba algo raro no dudaría en disparar.
“Necesito cama, dormir”, dijo el intruso en un intento por pronunciar bien el castellano.
De modo que Fabián miró a Rosa que estaba aterrorizada también y con un gesto ocular casi imperceptible dirigió su mirada hacia el dormitorio y condujo a su opresor hasta allí.
Se tumbaron juntos en la cama, esposados y en silencio, antes de apagar la luz pulsando la tecla del interruptor con la punta de la Beretta.

Con lo que Fabián había sido… Nunca tuvo miedo a nada ni a nadie. Una persona grande y fuerte como él podía con todo, pero en ese preciso instante no se atrevió a contradecir al intruso. Naturalmente Fabián no podía dormir. El asaltante había dejado su botella de vodka en la mesita e intentaba dormitar resoplando.
Con lo fácil que sería echarse encima de él y estrangularlo hasta que no pudiera respirar. Lo cogería como a un conejo y duraría muy pocos minutos. Su agonía sería rápida aunque llevara pistola.
Fabián no se creía su propia inmovilidad, él estaba acostumbrado a matar sus propios animales para comer. El matacerdo quizá fuese la más escandalosa de todas las matanzas, por los gritos que profería el pobre animal apresado por varias personas y un gancho que tiraba de su mandíbula inferior, pero lo había hecho tantas veces que cada vez le parecía más natural.
Quizá no fuese tan diferente matar a hombres como aquel, sobretodo un peligroso asesino que aquella tarde ya se había llevado a tres por delante. Solo era cuestión de aguantar con sangre fría el momento de hacerlo. Recordó cuando su tío Jesús tuvo el altercado con el Jefe del Servicio Nacional del trigo. Se lo tiró a la cara con un puñado en señal de desprecio, toda la cosecha iba a ser tasada como de mala calidad. Jesús cogió semejante sofoco por la humillación que creyó se moría de disgusto. Así que una tarde pidió al taxista que lo llevase al bar donde el Jefe del Servicio echaba la partida con sus amigos. Sin mediar palabra le descargó tres tiros en el pecho que lo dejaron destrozado. Al principio todos los del bar se echaron al suelo, bajo las mesas, pero Jesús había terminado su trabajo para unos cuantos años que pasó en el calabozo previa paliza que recibió de los del bar tras tirar la pistola al suelo.
Fabián no tenía tantas agallas como su tío y aunque en este caso sabía que se convertiría en un héroe, era muy arriesgado intentarlo.
Si al menos hubiera tenido allí alguna de sus herramientas a mano…

Sabía que no iba a venir nadie a rescatarlos. “Quizá algún día se pueda perseguir a los delincuentes con un minidrone hasta su captura definitiva”- pensó, pero lo cierto es que hoy la poca Guardia Civil que se acerca por aquellos pueblos no es ni mucho menos suficiente para cubrir la seguridad de todo el territorio. Además hay mucha rotación de agentes. Cada vez que llegaban nuevos al cuartel, las multas vuelan y hasta que se acostumbran a la forma de vida de los lugareños hay que andar con ojo. Como aquella vez que lo denunciaron por llevar a Marcelo en el asiento del copiloto. “Pero si siempre había ido ahí, es donde más le gusta ir a mi perro”, Marcelo se plantaba sobre el asiento delantero e iba observando la carretera o el camino cada vez que cogían el coche.
El intruso no tardó ni tres cuartos de hora en levantarse, no podía conciliar el sueño,  se le había notado intranquilo durante todo momento. Cerró los ojos pero no había soltado la pistola ni un solo segundo. Fabián tenía la mirada clavada en el techo, solo lo observó algún breve instante y de reojo.

Volvió a apuntar a Fabián y le obligo a levantarse despacio. Salieron al pasillo de nuevo y el extraño hurgó en sus bolsillos hasta que encontró la llave de las esposas. Después se llevó la pistola hacia los labios, sugiriendo silencio,  “No pulicia o yo mato a ti”- dijo.
Se fue por donde había venido, Fabián se escurrió pared abajo con la espalda deslizándola hacia el rodapiés. Al instante salieron las dos y corrieron a abrazarlo.
A las pocas horas se supo que había sido encontrado tirado a 200m de la furgoneta tumbado en el suelo tras sufrir un accidente. La guardia civil lo había detenido.

Fabián, Rosa y su hija aunque todavía perturbados respiraron por fin aliviados.

domingo, 28 de enero de 2018

GOLDEN SPIKE


I
Sucedió en el Geolodía 2017 en Guipúzcoa celebrado ese año en Zumaia. Irune había invitado a Carlos a asistir. Su profesor y director de tesis Arnaldo Ilarri iba a explicar las secuencias de las ritmitas en la costa vasca relacionándolas con los diversos cambios climáticos que se han sucedido desde el origen de los tiempos. Las ritmitas, según explicó el profesor, son aquellas sucesiones de capas en la roca que conforman un paquete de estratos depositados en un fondo marino, cuyo contacto entre un filón y el siguiente corresponde a una ruptura en el proceso de sedimentación debido a un cambio climático asociado a un ascenso o descenso del nivel del mar que por diversas causas extingue o modifica parte de la vida de las plataformas marinas continentales dejando grabado, entre cada capa, un evento a menudo relacionado con los movimientos astronómicos de la Tierra y la Luna. Ese paquete de estratos en conjunto da lugar a una secuencia repetitiva de delgadas capas de piedra en la que los geólogos son capaces de reconocer ritmos y series, determinados por los ciclos de Milankovic.
Zumaia era el paradigma de la representación fósil de este tipo de fenómenos, puesto que la erosión del mar había dispuesto en sus acantilados toda una extensa y maravillosa colección de estratos visibles, perfectamente alineados, limpios y ordenados, que a lo largo de esa parte de la costa guipuzcoana estaban expuestos como las hojas de un gran libro sobre la historia de la Tierra.
“De hecho aquí en Zumaia se han registrado dos eventos a escala mundial que quedaron grabados para siempre en la roca, convirtiéndose este en el único lugar del mundo donde se han colocado dos clavos de oro: uno de ellos certificando una bajada repentina del nivel del mar de unos 80m, hace ahora sesenta y un millones de años y el otro marcando un cambio de polaridad magnética a mediados del Paleoceno. Además hemos estado a punto de conseguir el tercer clavo de oro que al final se llevó Tunicia, pero que aquí queda también perfectamente representado. Se trata de la frontera temporal de los periodos Cretácico y Paleógeno reflejada entre nuestros estratos con una fina capa de arcilla oscura con trazas anormalmente altas de iridio en el famosísimo nivel K/T que marcó la extinción de los dinosaurios debida al gran impacto del meteorito que se estrelló contra la península del Yucatán hace ahora sesenta y seis millones de años, creando una oscura nube contaminante que envolvió por completo el planeta acabando con el setenta y cinco por ciento de las especies. Es por eso que hoy celebramos por todo lo alto la puesta en valor de este lugar agradeciendo al Gobierno Vasco estos accesos que ha tenido a bien construir y financiar y al Ayuntamiento de Zumaia por dar el permiso a las obras de este nuevo camino equipado amarrado a la roca que nos acerca con pasarelas de acero de alta resistencia hasta los afloramientos más emblemáticos. Además hay que reconocer que se ha hecho de una forma muy amable respetando siempre el entorno y con el menor impacto medioambiental, para alterarlo lo menos posible, pero con el objetivo claro de que todo el mundo pueda venir, con la seguridad de no resbalar y caer, a conocer nuestro santuario geológico del Geoparque de la costa vasca”- terminó diciendo entre aplausos el doctor Ilarri.
Se habían colocado escaleras de hierro y plataformas con suelo de tramex que elevadas sobre la playa circundaban los acantilados para poder llegar, con comodidad, a los dos golden spikes que como pareja eran únicos en el mundo.
A Carlos le había encantado ese lugar desde que lo trajeron por primera vez sus padres y cada vez que lo visitaba se enamoraba más de él. Se extasiaba al atardecer observando el horizonte anaranjado como un fuego en brasas fundiendo el cielo contra el lineal corte oscuro del mar cantábrico. Se sentaba en una repisa del acantilado y pasaba horas acariciando suavemente con los dedos los estratos pensando en todo lo que encerraban debajo. Sentía la sensación de estar visitando un templo sagrado. Tocar el nivel K/T era para él como acicalar la lápida del gran panteón de los dinasaurios.
La amistad de Irune con el hermano de Carlos había hecho que se conocieran en Zaragoza, en la gala anual de Sampuz, la Sociedad de amigos del museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza, donde el hermano de Carlos recibía un premio en 2016 por una publicación sobre cumbres rocosas de Aragón. En aquella ocasión hablaron durante toda la cena. Les tocó juntos en la mesa de los invitados que acompañaban al galardonado.
Irune, ya terminado su grado de Geología, había elegido un tema candente para su tesis “La influencia de cambio climático en los acuíferos de la Cordillera Ibérica”, y Carlos estaba obsesionado con las cuevas todavía por descubrir en las caudalosas galerías que suponía iban a parar al nacimiento del río Pitarque. Con ese pretexto los presentó su hermano.
La ascendencia materna de Irune le había hecho pasar los veranos en Teruel, tan lejos de las húmedas costas vascas y de la superpoblación propia de aquella región excesivamente industrializada cuya extensión no llegada a la mitad de la desértica provincia del sur de Aragón. Quizá por eso se había terminado enamorando de la Cordillera Ibérica y de sus desiertos demográficos con paisajes tan poco humanizados, que le evocaban la más absoluta y romántica soledad. Irune estaba pensando en instalarse definitivamente en lo que ahora llaman algunos la antigua Celtiberia. Las surgencias de Cella, el río Queiles o los Ojos de Cimballa, eran para Irune un milagro de la naturaleza sin parangón y tenerlos tan cerca suponía para ella vivir en el paraíso. Con su estudio estaba decidida a desvelar los secretos de las copiosas fuentes surgidas de una tierra tan árida como aquella y su delicado equilibrio.
El Geolodía es una convocatoria divulgativa de la Sociedad Geológica Española que se celebra anualmente en cada provincia donde todos los primeros fines de semana de mayo los geólogos exponen y acercan, en un entorno natural y singular al aire libre, los secretos y curiosidades de la historia de la Tierra, con el fin de hacer visible la importancia de esta disciplina en la vida de los seres humanos y en la supervivencia de nuestro planeta. Precisamente esta iniciativa se estrenó en Teruel junto a los famosos y emblemáticos Órganos de Montoro. Hacía ya doce años de aquello, pero aunque a Carlos le encantó aquella apuesta, las circunstancias año tras año le habían impedido repetir a pesar de ser un apasionado de esta disciplina. Los estudios de geología en la universidad siempre fueron para él un sueño pendiente de comenzar, le atraía mucho más la historia de La Tierra que cualquier logro alcanzado por el ser humano.
También estaba enamorado de la naturaleza, de sus espacios vírgenes, se definía a sí mismo como un contemplador de paisajes y se dedicaba durante horas a recorrer parajes recónditos observando los perfiles recortados contra el horizonte, intentando averiguar los desdibujados valles en la lejanía, para viajar hasta ellos e introducirse después en cualquier barranco angosto y acariciar las suaves formas redondeadas de sus paredes admirando la potencia descomunal del agua al engendrarlos. Le encantaba deslizarse al interior de las arrugas de un paisaje perfectamente moldeado con el paso del tiempo. Cualquier paseo por un entorno natural le revitalizaba, rejuvenecía su mente y le devolvía a casa como si fuese una persona nueva.
En su primera conversación con Irune, le habló de la cantidad de cavidades subterráneas a las que se podía acceder en la zona celtibérica. La cueva la Obriga y su aporte a los Ojos del Cabriel, Bocanegra, el Recuenco, la Cueva del Tornero con doce kilómetros de galerías eran algunas de las más impresionantes.  Irune lo escuchaba maravillada. Qué mejor para un geólogo que poder visitar sitios tan inaccesibles y recónditos que lograran resumir con la mera contemplación visual tomos enteros de libros sobre paisajes kársticos e hidrogeología.  A Carlos le encantaba que su interlocutora se interesara tanto por sus propuestas, y terminaron por acordar aquella noche que él la llevaría visitar algunas de esas cuevas, aunque se les pasó por alto poner una fecha concreta.
Varios festivales les hicieron coincidir y terminar siempre hablando del mismo tema. Así que al final, y para evitar que esos “ya quedaremos” pudieran caer en saco roto y ligeramente avergonzados por las sucesivas postergaciones. Irune le dijo sin reparos: -¿Por qué no te vienes el próximo 6 de mayo a Zumaia? Tengo que acompañar a mi director de tesis. Podemos aprovechar y nos damos una vuelta por el norte y me enseñas La cueva de la Leze, ese río subterráneo tan  bonito e impresionante al que te llevó tu amigo, en el que me contaste que os metíais bajo una montaña por un barranco entre Alsasua y Salvatierra cruzando de un lado a otro. Nos pilla de camino y de paso concretamos alguna incursión en alguna de estas cuevas turolenses que me comentas-.
En realidad se la presentó su hermano, pero él creía conocer a Irune desde la infancia. Era uno de esos recuerdos vagos que no sabes si has vivido de verdad o los ha fabricado tu imaginación. ¿Veraneaba en el pueblo de al lado? Creía recordar su mirada risueña y penetrante, pero si la hubiese visto seguro que ahora la reconocería sin titubeos. Y si la había olvidado ¿dónde se había metido durante todo ese tiempo?
Así que cuando le dijo que sí a su propuesta, su corazón empezó a inquietarse porque parecía hacerse realidad algo que aparentaba llevar largo tiempo esperando.
El profesor Arnaldo había hablado de amabilidad a la hora de poner los hierros que recorrían los acantilados de Zumaia y a Carlos le vino a la memoria una visita que hizo con el colegio a la Central Nuclear de Santa María de Garoña cuando todavía estaba en funcionamiento. Jamás vio una presentación tan amable y unos parques exteriores tan cuidados como aquellos. Los pavos reales extendían su cola mientras a unos metros una bomba atómica supuestamente controlada fisionaba uranio altamente radiactivo con el fin producir electricidad a borbotones, que luego podría ser derrochada a cientos de kilómetros. Pensó que la amabilidad no era suficiente argumento para justificar una obra de esas características y que a veces puede servir para maquillar y esconder algunas acciones de todo menos honorables.
Así que cuando terminaron los aplausos de la intervención del profesor Arnaldo, lleno de nerviosismo levantó la mano bien alto para preguntar, pero el murmullo de la gente que daba por terminada la inauguración y la falta de ímpetu de Carlos para pedir a gritos su atención hizo que su solicitud se desvaneciera ante la atónita mirada de Irune, que fue la única que advirtió el brazo alzado de Carlos.
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II

-Sí,  eso es, color azul vivid metalizado, transmisión 4x4 y cambio automático.
-Dijimos tapicería de piel color ciruela, asientos eléctricos ajustables y calefactados, claro.
-Sí, y climatizador por zonas también.
-Las llantas de aleación, creo que eran el modelo R3H8.
-Sí tiene que ir a nombre de Merche Mateo, el DNI ya se lo dimos por correo.
-No, yo no puedo figurar, ya me entiende, los funcionarios no podemos recibir regalos.
-Ya, ya sé que no es exactamente un regalo, pero puede que algún envidioso quiera buscarle tres pies al gato y nos quiera preparar un altercado.
-Está claro que todo el mundo lo hace, de algún sitio hay que sacar para sufragar el tiempo que echamos por nada y los viajes con el vehículo propio siempre de aquí para allá haciendo más horas que un reloj. Lo que no podamos cobrarnos en jornales lo tendremos que sacar en materiales.
-Sí, dile a Manuel que lo del proyecto del acondicionamiento del barranco Hondo y  la Hoz Mala lo tengo ya casi terminado. Van un centro de interpretación en cada uno y unos cinco kilómetros de pasarelas, dos escaleras colgantes y tres puentes.
-Sí cuatrocientos mil euros el primero y trescientos noventa y cinco mil el segundo.
-Sí les he preparado yo mismo tres presupuestos distintos que necesitan como mínimo para el concurso público con nombres de empresas que colaboran con nosotros, así les facilitamos la tarea y no pierden el tiempo buscando quien se lo pueda hacer, tampoco creas que somos tantos los que nos dedicamos a esto. Los alcaldes y el presidente de la comarca están de acuerdo. Tienen muy claro que hay que revitalizar el turismo o esto se nos hunde. En esta provincia no queda nadie y la despoblación avanza como una mancha de aceite. Hay que hacer algo, vertebrar los parques turísticos poniendo en valor su naturaleza y patrimonio, sino terminarán cerrando todo: restaurantes, hoteles, escuelas y servicios médicos.
-Sí, si sale adelante, ya quedamos con Manuel que aprovecharía para hacer la rehabilitación de mi casa en el pueblo mandando una cuadrilla de los que vayan para darle un repaso.
-Sí, sí, me han asegurado que en las bases van a poner que la empresa constructora tiene que estar afincada en la comarca, Manuel ya ha tramitado el cambio de domicilio social, como otras veces.
-Así que ya vamos hablando, tú ve preparando lo que hemos acordado, me pasaré por allí a la semana que viene y cerramos todo con Manuel.
-Vale de acuerdo me quedaré a comer con vosotros y a lo que se tercie luego.
-Da recuerdos a todos por ahí, un abrazo. Adios, adiós.


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III
Al día siguiente partieron de Donosti temprano en el coche de Irune, traían en él las mochilas cargadas con los trajes de neopreno de Carlos, los arneses y la cuerda, para descender el río Artzanegui a su paso por el interior de la cueva de la Leze. Es cierto que los ánimos estaban un poco más enfriados que el día en que llegaron, todavía resonaban en los oídos de Carlos las preguntas de Irune cuando volvió de reunirse con su profesor:
-Pero, ¿tú estás loco o qué?, el profesor Ilarri es mi director de tesis ¿Cómo ibas a decirle semejante barbaridad en público? Me corta la cabeza. ¡Qué peligro tienes, madre mía! Te ha visto llegar conmigo y hubiera creído que era de tu misma opinión.-
No es que Carlos quisiera reventar la charla, ni siquiera había venido a formular preguntas incómodas, pero hacía ya un tiempo que había perdido la fe en los seres humanos que se hacían pasar por profetas defensores de la naturaleza.
Es verdad que las olas conseguirían con el paso de los siglos arrancar la cantidad de andamiaje que recubría ahora el monumento geológico de Zumaia, pero a Carlos le producía una agresión visual terrible que le dañaba el paisaje y sus recuerdos de forma displicente e irreversible.
Tenía demasiados ejemplos en la cabeza de cómo el hombre modificaba el medio en el que se asentaba a su antojo sin demasiado respeto, quizá con demasiada falta de sensibilidad o sin una necesidad imperiosa de hacerlo, a veces obrando solo por dejar su impronta bien visible, otras por conseguir recursos desaforadamente, pero nunca pensando en que aquellas huellas no se podrán borrar para restablecer el paisaje primitivo.
Las autoridades argumentaban a menudo que se hacía para proteger de acciones vandálicas o para poner en valor el patrimonio natural, pero en realidad se estaba cometiendo una agresión en sí misma contraria precisamente a su objetivo original. Recordó la puerta de la Cueva del Recuenco en Ejulve donde se colocó una reja para que evitar que entraran intrusos que pudiesen molestar a los murciélagos o romper estalactitas, para al tiempo darse cuenta de que quién más molestaba a los murciélagos era la propia reja que no les dejaba pasar para entrar y salir de la cueva. Años más tarde terminó haciéndose lugar visitable restringido a un público que contrate a una empresa concreta de guías de aventura.
Carlos pensaba que el ser humano no era capaz de considerar cualquier rincón de la Tierra como una gran obra de arte, ni advertir que cualquier modificación sentenciaba a los siguientes visitantes, homínidos o no, a no poder contemplar cómo era aquello, en pleno estado natural, antes de que llegásemos nosotros a modificarlo.
-Ya, pero es que ponerme en contra de mi profesor puede salirme muy caro. ¿Tú sabes la de puertas que puede abrirme laboralmente? Al margen de que tengo que acabar la tesis con él, tiene una empresa con su mujer, Proesna creo que se llama, de acondicionamiento de espacios naturales que ahora están trabajando mucho por Teruel y ya me ha dicho que desea abrir allí una oficina insinuándome varias veces que necesita a alguien para hacer las evaluaciones de impacto medioambiental. Yo no digo que no se hayan equivocado en el geoparque pero hombre tratar de ponerme en evidencia de esa manera. Mira si termino trabajando para ellos trataré de que no se hagan las cosas de un modo tan agresivo. Menos mal que no te dejaron hablar, yo ya me estaba poniendo de todos los colores.
Llegaron a Eguino a eso de las once de la mañana, lloviznaba pero la temperatura era buena.
Consultaron la reseña para saber con seguridad cómo llegar al comienzo del cañón y tener clara la altura de todas las cascadas. Carlos no recordaba exactamente los pasos.
Subieron la enorme cuesta de hierba y matorral hasta llegar al “Ojo del Búho” , un túnel de acceso natural que con un espectacular rápel de 60 metros acorta bastante la llegada. Al asomarse, el ensordecedor ruido del agua colándose río abajo por la cueva ya empezaba a resultar inquietante. Carlos comenzó el descenso explicándole de nuevo a Irune como hacerlo. Ella había practicado anteriormente, pero no lo hacía con tanta frecuencia como él. Estaban emocionados y al llegar abajo Irune grito de alegría. Le estaba encantando la actividad y eso que no habían llegado a la entrada de la cueva todavía, pero el paisaje circundante era un extraordinario abismo rocoso engulléndose el curso de agua de montaña que discurre por el hayedo de Ugarraundi.
Las primeras cascadas todavía tenían luz solar en penumbra, pero al descender la tercera tuvieron que encender necesariamente sus luces frontales. Dentro cambiaba hasta el sonido y la sensación estar bajo tierra era total. La oscuridad y agua cayendo como enormes duchas sobre sus cuerpos y los meandros amarmitados escondiéndose tras cada revuelta les hacía pensar que aquel río jamás saldría al exterior, pero poco a poco se volvieron a clarear las paredes de la gruta y por fin vieron la luz del sol. Estaban extasiados, pocos lugares de los que habían visitado en su vida eran tan auténticos como aquel. Se habían disipado todos sus problemas y la vida parecía nueva otra vez. Antes de llegar al coche Irune ya estaba preguntado cómo era la cueva de la Obriga y si necesitarían el mismo material que habían utilizado en esta.
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IV
-Egun on ¿Irune?... Nada te llamaba porque ya tengo casi todo cerrado para abrir la oficina de Teruel, así que si todavía sigues dispuesta a trabajar con nosotros, en breve podemos hablar del contrato.
-Precisamente estamos buscando a alguien comedido, responsable, que sepa tratar con la gente, y creemos que tu perfil encaja bastante bien con lo que buscamos
-En principio mi idea es que acabes tu tesis, es algo que a mí personalmente me interesa mucho. Por lo tanto vas a tener tiempo para ello, quizá empecemos a media jornada y luego ya se irá viendo cómo avanza la faena. Te pondríamos un coche de empresa, el que que ahora voy a quitarme, para que pudieras desplazarte por los caminos, en fin está seminuevo, aunque lleve unos cuantos kilómetros, solo tiene dos años.
-Sí, están surgiendo bastantes proyectos por Teruel, parece que desde turismo quieren revitalizar la provincia y disponen de unas partidas presupuestarias, procedentes de un fondo de inversiones que tienen, para trabajar en esto de la despoblación, es una de las provincias más grandes y muchos pueblos están al borde del cierre.
-Sí hay proyectos de todo tipo y repartidos por todas las comarcas: una ferrata en el Jiloca, en el maestrazgo un camino equipado con pasarelas por el Guadalope que se unirá a otro desde las Cuencas Mineras, varios en la sierra de Albarracín, también en la comunidad de Teruel y en Gúdar, Andorra… sí, sí está saliendo faena, o sea que el trabajo va a ser para varios meses seguro y con muchas posibilidades de continuar.
- ¿Quién? ¿Ese de las rastas que iba contigo el día de Zumaia?... Ah ¿Es de Teruel? … Anda ¿Hicistéis barranquismo? ... este fin de semana cueva ¡Qué completo! Pues precisamente he quedado con el alcalde de El Vallecillo, para un tema sobre el centro de interpretación de la cueva de la Obriga. ¡Es la más larga de la provincia!
-Bueno de momento es mejor que no digamos nada de esto, porque todavía está en el aire y sobre todo hay que intentar alejarse de activistas antisistema que siempre están protestando por todo, porque en realidad no saben lo que quieren…. No, no digo que tu amigo lo sea, pero sí que te pido la máxima discreción, nunca se sabe si nos pueden crear problemas o incluso llegar a paralizar una obra. En estas cosas hay mucho dinero en juego, ya lo sabes e incluso intereses políticos.
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V
Aún no había pasado una semana y ya estaban embarcados hacia su nueva aventura, tenían que aprovechar la tremenda sequía que estaba insistiendo desde hacía meses sin ninguna intención de llover. Ahora los niveles freáticos estarían más bajos que nunca y en las cuevas con agua era más fácil entrar así. Sobre todo en la Obriga del Vallecillo donde a los pocos metros hay un sifón que según contaban en épocas de crecida obligaba a bucear durante un tramo angustioso.
-Yo creo que la gente no es consciente del milagro que supone que el aire sea capaz de absorber agua desde el mar y transportarla cientos de kilómetros tierra adentro. Damos por hecho que tiene que llover, pero a poco que hubiese cambiado nuestra atmósfera no sería posible la lluvia y la vida en el interior, lejos del mar, sería inviable. Me fascina la capacidad de estas llanuras para filtrar el agua hacia el subsuelo y almacenarla para manar puntualmente en los nacimientos de los ríos dosificándola durante meses. Que sean capaces de mantenerla es otro milagro de la geología. Capas de calizas filtrantes que se superponen a otras impermeables de arcillas donde se mantiene el agua hasta aflorar en superficie, hacen un conjunto similar a una gran esponja sobre un cristal. Me parece todo tan mágico, que aunque llevo años estudiándolo todavía me cuesta creer que sea fruto de la casualidad.
Pararon en Cella al punto de la mañana. La fuente llevaba seca también varios meses. Carlos la había estado visitando regularmente durante las últimas semanas, comprobando como descendían los niveles mínimos a un ritmo de unos dos centímetros por día aproximadamente. De modo que iba abriéndose un camino libre en la grieta inferior de manantial, cada vez más grande, descendiendo hacia el agujero norte, donde ahora se veían varios cántaros y ánforas rotas en el fondo, clavadas en el lodo, vestigio de que en épocas pasadas también se llegó a secar y obligó a la población a bajar hasta aquella profundidad para recoger agua.
-En la facultad nos enseñaron como la alternancia de lutitas y calizas y dolomías a menudo da lugar manantiales, en este caso las arcillas del Keuper, último piso del Triásico, son las que retienen el agua, que discurre por las galerías horadadas en calizas de la formación Cortes de Tajuña que hace contacto inmediato al ser aquí la primera capa del Jurásico.
-Yo pienso que esto no lo excavaron los templarios, es otra leyenda más como tantas otras que rodean a los misterios que la gente no puede desvelar. Estoy convencido de que es un manantial totalmente natural que discurría por el fondo de la vega inundando lo que ahora son las huertas y que simplemente se canalizó, circunvalándolo con este aro de piedra en sillería que en el siglo XVIII diseñó Domingo Ferrari, para poder desecar el cauce natural y hacerlo cultivable, además de aprovechar mejor el agua para riegos. La fuente siempre estuvo ahí, con sus épocas caudalosas y algún periodo transitorio de sequía. De no ser así sido jamás se habría construido una ciudad romana tan importante que cuando pasó sed necesitó de un acueducto como el que viene desde Albarracín excavado veinticinco kilómetros en la roca. Los romanos eran muy rápidos haciendo obras ciclópeas, en tiempo de paz obligaban a los legionarios a trabajar en ellas, quizá en unos meses pudieron tenerlo terminado.
Tomaron fotos de las grietas descendentes por las que parecía venir el agua en épocas lluviosas y recogieron muestras de algunas piedras pobladas de unas algas de color rosa brillante que les llamaron mucho la atención por la aparente fluorescencia que presentaban al aplicarles la luz de la lámpara frontal. Salieron de la fuente, tomaron un café en el bar contiguo del mismo nombre y continuaron camino hacia El Vallecillo.
Llegaron a la entrada de la Cueva de la Obriga poco antes de las diez. Todo estaba listo, para acometer la exploración, era un día perfecto, un cazador con sus perros de batida atravesó el barranco y los saludó mientras se cambiaban picoteando el almuerzo para coger fuerzas. Entre risas nerviosas comentaban la osadía que los iba a llevar tierra adentro, pero el miedo estaba patente por la incertidumbre de la proeza que deseaban acometer. Carlos no había podido nunca ver la cueva por completo pero hoy tenía el presentimiento de que sería capaz de atravesar el sifón y volver para ayudar a Irune con la cuerda. Así que una vez hubieron preparado todo el material y repasado minuciosamente cada accesorio, cerraron el coche y se decidieron a entrar.
La primera galería siempre estaba llena de mosquitos, había que pasar rápido y con la boca cerrada para evitar tragarlos, pero una vez llegados a los pequeños lagos de los troncos el ambiente subterráneo se imponía y cualquier indicio de vida iba haciéndose más improbable.
Un pozo de unos quince metros de profundidad era la dificultad vertical más importante de la gruta, una vez abajo el sifón aguardaba oculto con la sorpresa y la duda servidas. Se detuvieron un instante a mirar y estudiar cómo atravesarlo.
En el lado izquierdo de la galería de acceso al sifón hay una Virgen del Pilar clavada en el barro porque en el año 1983 el primer turolense que intentó pasar casi se ahoga.
La primera vez que se cruzó este sifón fue en 1963, con escafandras y botellas de oxígeno en el que Josep Subils consiguió abrir un hito en el espeleobuceo, pues era la primera vez en España que se conseguía semejante hazaña. El sifón que actualmente lleva su nombre, ya había sido intentado un año antes en apnea por el mismo espeleólogo que lamentablemente perdió la vida dos años más tarde intentando atravesar otro en la Fou del Bor en la provincia de Barcelona.
-¿Sabes? Ayer leí en el periódico que ahora quieren abrir un centro de interpretación en El Vallecillo sobre esta cueva. Ciento cuarenta mil euros vale la broma, parece que últimamente en la administración, a pesar de la crisis, llevan el dinero bastante abundante para algunas cosas. Lo que peor que veo de este tipo de iniciativas, es el efecto llamada a las masas que va a provocar por el mero hecho de ver bonitas las fotografías que se van a exponer, los visitantes desearán entrar en tropel. Hasta ahora la cueva se ha ido visitando esporádicamente por amantes de la espeleología que deseaban conocerla y respetarla creyendo que merece la pena el esfuerzo, pero a partir de la apertura del Centro se masificará y como ha pasado en tantas otras decidirán que hay que restringir el acceso. Así que hoy puede ser nuestra oportunidad única para conocerla libremente. Luego habrá que pagar y contratar un guía. Asfixian con abrazos a la persona que aman por que la quieren proteger.
Carlos se tiró al agua con el neopreno abrochado hasta la capucha, al llegar al vértice del sifón se dio cuenta de que faltaban diez centímetros para que el agua tocase en el techo, por lo que se puso muy contento al ver desaparecido el peligro que supone quedarse atrapado en medio sin poder respirar. Cruzó una y otra vez en sentido contrario para informar felizmente de que no había nada que temer y juntos superaron este que se suponía era el escollo más grande de la cavidad.

La alegría les inundaba más que la escasa agua que hoy contenía el temible pero breve sifón, ahora ya desobturado y se abrazaron para celebrarlo.

Con las linternas repuestas en el casco y la llama del carburero reavivada continuaron para adentro, ya sin temor, pero con una curiosidad enorme por conocer las maravillas que encerraba semejante conjunto kárstico subterráneo de más de tres kilómetros de recorrido conocido.
Visitaron las sala de la colada donde encontraron un esqueleto de murciélago, la impresionante sala blanca, con una gatera de continuación formada una reja de estalactitas y estalagmitas por las que había que pasar de lado y a rastra. La impresionante sala Carme Tarrés donde se detuvieron a tomar múltiples fotografías entre sus enormes columnas, colocando luces oblicuas, pues el flash de la cámara iluminaba el vaho y un polvillo blanco en suspensión que hacía que las imágenes se grabaran borrosas. Desde allí bajaron por rampa descendente hacia lo más llamativo de la cavidad. Un río subterráneo vivo transporta el agua filtrada desde parajes externos sobre la montaña como la Fuente del Buey hasta los Ojos del Río Cabriel. Agua carbonatada que sigue disolviendo y escavando las galerías erosiona las paredes con formas acuchilladas en marmitas perforadas lateralmente y formas puntiagudamente afiladas. El agua saturada depositando carbonato cálcico crea las más bellas formaciones de calcita alrededor de los lagos y en caídas de agua, gours y grandes banderolas de luminosa cal color canela decoran los suelos, paredes y techos de la gruta.
El río les encantó. Lo recorrieron de extremo a extremo desde el sifón más alto al inferior, nadando por sus pasillos inundados duchándose en las cascadas con el agua más pura y limpia que pueda imaginarse. Tanto disfrutaron, maravillados por lo que se les ofrecía a la contemplación visual y al deleite de sus ojos, que olvidaron mirar el reloj y solo el cansancio de sus cuerpos sirvió como indicador del paso de tiempo. Al salir al exterior ya de noche cerrada, solo los pinos y las estrellas que se dejaban entrever entre sus ramas indicaban que no entraban de nuevo en una sala de grandes dimensiones. La experiencia fue apoteósica, una experiencia que jamás podrán olvidar y el mayor viaje subterráneo a la entrañas de un montaña que Irune había realizado en su vida y que perdurará en su mente largos años relacionando sin parar sus conocimientos teóricos sobre hidrogeología con la historia del nacimiento de un río representada en vivo y en directo.
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VI
Carlos terminó afincándose en Pitarque, los meses de paro de su contrato fijo-discontinuo en el retén forestal, suponían precariedad e inestabilidad laboral, pero le venían bien para sus aficiones. Un amigo del pueblo, le prestó una casa de monte para dormir. Durante el día estaba siempre fuera, rastreando el terreno y buscando su preciado tesoro. Estaba más animado que nunca. Contra todo pronóstico la sequía seguía haciendo mella. Iban ya para ocho meses desde que apenas llovía. Carlos sabía que aquella pequeña nevada de diez centímetros no calaría en una tierra tan reseca y que sería incapaz de dar aportes hídricos al subsuelo. La tasa de avance hacia el acuífero era más pequeña que la que provocaba la sublimación del anticiclón estacionario anclado en las Azores, un fenómeno ya permanente que parecía no querer abandonar nunca la península ibérica. Cuando cayeron aquellas primeras y escasas nieves en el puente de la constitución, todo el mundo tenía la esperanza de que el final del otoño devolvería las precipitaciones robadas de forma generosa. Los agricultores se habían lanzado a sembrar el cereal de invierno porque no creían que pudiera durar eternamente esta ausencia de humedad, pero nada, después de aquella fugaz precipitación seguía sin caer ni una gota. Carlos se había exiliado a la Peñarrubia, se estableció allí porque su corazón no tenía más refugio que el sueño de la tranquilidad en una casa de monte. La bucólica visión de Pitarque en la lejanía, los escasos ganados pastando por las laderas y el grandioso cortado de la Peña de la Virgen, lo dejaban extasiado. Aquel valle le parecía el mismísimo paraíso. Hasta entonces solo había venido a visitarlo esporádicamente pero ahora tenía todo el tiempo para dedicarlo a su íntima relación con el paisaje. Hacía ya varios años que, siguiendo la estela de los primeros exploradores de cuevas venidos del noreste peninsular durante las últimas décadas del siglo XX, él intentaba encontrar algún indicio de gruta, preguntando a pastores y lugareños, observando detenidamente las laderas cercanas al río, para visualizar algún atisbo de agujero o grieta que pudiese avanzar montaña adentro. Pero la gran cueva soñada se resistía. El hallazgo se les hizo también imposible a los pioneros catalanes durante el tiempo que estuvieron explorando. Aquellos que iniciaron las llamadas “operaciones turolensis”, entre los que se encontraban los espeleólogos Francesc Cardeña y los hermanos Subils tuvieron la oportunidad bien aprovechada de ser los descubridores de cuevas tan importantes como las de Cristal en Molinos y los primeros en forzar el sifón de la Obriga. Después de ellos muchos se habían adentrado en estas sierras y en los valles del Malburgo para intentar algo similar, descubrir una primera, pero nadie había conseguido algo tan grandioso después. Pitarque seguía teniendo ese halo de misterio tan especial cincuenta años más tarde.  Carlos sabía que el olvido y el tiempo podían jugar ahora en su favor, él podía venir cuanto quisiera, en tan solo una hora se presentaba en el collado de San Cristóbal y de allí a la losa de los planos y a la Peñarrubia no quedaba nada. Además el cambio climático cada vez traía periodos de sequía más largos. Siempre pensó en la locura que suponía partir desde Barcelona en aquellos años sesenta donde las carreteras eran poco más que caminos asfaltados y los coches no alcanzaban velocidades mayores de ochenta kilómetros por hora, sin pensar en la de transbordos en trenes y autobuses que había que combinar si no disponían de vehículo propio que era lo más habitual. A lo sumo podían organizar intentos de unos pocos días muy espaciados en el tiempo. Carlos no tenía prisa. Durante todo el mes de diciembre fue encontrando marcas cuadradas de spray rojo en todas aquellas oquedades que ya habían sido revisadas por los primeros exploradores sin obtener conexión con las galerías interiores del río subterráneo que conducía al nacimiento. Sabía que ya en el año 1989 unos espelobuceadores de Barcelona habían intentado una exploración subacuática en el Ojal del malburgo por donde salía la mayor parte del agua, pero los canales eran tan pequeños que no cabían con las botellas de oxígeno atadas a la espalda. Muchos años más tarde, durante otra sequía veraniega, Carlos también había intentado sin éxito introducirse con traje de neopreno por aquellos huecos, en los que aunque no brotaba el agua seguían inundados en todos los posibles pasos, incluso transitó la gatera de la chimenea avanzando quince metros reptando por laminadores muy estrechos hasta que se topó también con el agua que lo bloqueaba todo.
Pero Carlos sabía que en este recién estrenado siglo tendría una oportunidad, y si alguna vez  se desobstruían tenía que ser en una sequía como esta, así que antes de que se pusiese a llover o nevar sin tregua había que intentarlo. Nadie recordaba un estío tan prolongado e interminable que se comiese el otoño y el principio del invierno y en efecto el nivel freático estaba más bajo que nunca. Aun así los supuestos agujeros por los que manaba un caudal desaforado en épocas caudalosas estaban todavía obturados por el agua.
La Obriga lo había alentado de nuevo a intentarlo como última oportunidad, así que se dedicó a revisar gateras y simas por los alrededores que pudiesen conducir a las imaginarias galerías que deseaba encontrar. Al fin y al cabo no le quedaba otra opción que esperar a que  se siguiesen secando poco a poco los ojales para poder intentarlo.
Él sabía que la forma más fácil de entrar a una cueva-río es por una antigua surgencia, pero todo hacía indicar que Pitarque no la poseía. Así que por donde normalmente salen hasta mil quinientos litros por segundo es probable que exista un agujero por el que pueda caber una persona, aunque sea retorciéndose como un lagarto. Era preciso tener paciencia.
Carlos había visitado la Cija de Fortanete o de la Rama, cinco kilómetros aguas arriba en dirección a Cañada de Benataduz, cerca del pico de los Santos Adones. La grandiosa sima tenía una profundidad de 113m y se suponía que formaba parte del sistema subterráneo y kárstico del Pitarque, aunque no se habían obtenido pruebas positivas de coloración de aguas.
Metido en el valle de Zoticos, esta vez veinte kilómetros hacia el sur pero en la misma cuenca del Malburgo, se había adentrado también por los estrechos laminadores de Bocanegra. De haber encontrado conexión hubiese resultado ser una de las cuevas más largas del mundo.
Bien entrado enero y tras unas vacaciones de navidad metido en harina, recordó aquella gatera en la que tras una zarza y bajo una pared rocosa a escasos metros del Ojal de los Planos había visto salir agua durante una primavera lluviosa. No tenía demasiada esperanza en ella porque la primera vez que pudo entrar cuando el verano la secó, la estrechez y la incomodidad de sus recovecos junto con los restos de ropa, un guante y una cuerda que encontró, indicando claramente que ya había sido explorada también, lo desanimaron un poco. Pero recordó un pozo en la parte inferior que permanecía inundado cortando el paso.
Aquella mañana se dirigió hacia el nacimiento con todo el material necesario para meterse por algún hueco. Exploró de nuevo la chimenea y alcanzó cincuenta metros de recorrido, treinta y cinco más que la primera vez. Pero el pasillo inundado por el que avanzada, buzaba ligeramente hacia el interior y al poco se fue sumergiendo, el agua de nuevo taponaba el techo por completo.
Aun así el ojal del Malburgo permanecía muy seco, tanto que sin quitarse el traje acuático probó suerte buscando con los pies alguna burbuja para pasar la cabeza un poco más adentro. Y tomando bocanadas de aire en esos pequeños huecos intentó avanzar de nuevo. La sensación era muy inquietante, pues era necesario recordar con claridad cuáles eran los pasos que te habían llevado hasta allí para luego poder retornar de forma fiable. En uno de esos avances hacia las posibles burbujas de aire empotradas en el techo se metió un saliente de piedra en el ojo y decidió que se había acabado el juego o terminaría ahogado en un falso nicho. Así que dolorido en el párpado buceó en largas brazadas de nuevo al exterior. Necesitaba más aberturas o no se atrevería a intentarlo. Así que al salir decidió quemar su último cartucho del día. Buscó la gatera tras los matorrales,  retiró unos cuantos bloques de piedra que obstruían parcialmente la entrada y se coló de nuevo en busca del pozo y el sifón. El mono sobre el neopreno se enganchaba por todos los salientes de la roca, al llegar al laminador del barro, todavía se notaban la huellas que excavó en él para que pudiesen pasar sus escápulas apoyadas en el suelo y sus pectorales oprimidos por el techo.
Pero por suerte al llegar a la parte baja del sifón vio que este mantenía una abertura aérea de unos quince centímetros, así que ni corto ni perezoso se calzó de nuevo el casco, que se había quitado para pasar mejor y una vez de pie, empezó a descender. Al acercase al hueco oyó el bramar el agua a través de las galerías y por primera vez supo que estaba a punto de conseguirlo.
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VII
Hola Irune.
Te he llamado, pero imagino que estarás en clase o reunida en la facultad. Te escribo con tanta urgencia porque creo haber encontrado algo grandioso en Pitarque y quiero compartirlo contigo.
Me gustaría que quedásemos para verlo el próximo sábado si es que estás ya por aquí. Te va a encantar, yo estoy todavía alucinando, no puedo terminar de creérmelo, es algo grandioso. Bajaré a dormir el viernes a Teruel. Saldré de allí por la mañana. Ya me dirás si puedes y te recojo, perdona mi nerviosismo, pero estoy ansioso por enseñártelo. Seguro que puedes sacarle un gran partido para tu tesis, esto es perfecto, increíble, tiene de todo, incluso un estrato donde estoy seguro que se podría colocar un clavo de oro, el Golden Spike que, como me contaste, está todavía sin asignar en el límite Turoniense-Coniacense, aquel que se disputan Alemania, Polonia y Colorado, aquí se ve perfecto entre las dolomías Barranco de los degollados y las calizas grises de la formación Órganos de Montoro. Y qué te voy a contar de otras tantas formaciones maravillosas que he podido ver flanqueando los grandes lagos que hay allí dentro, multitud de concreciones de formas inverosímiles y colores muy variados, tantas y tantas cosas que no me da tiempo a relatarte con detalle ahora. Pero por favor, sobre todo no se lo digas a nadie más todavía, juntos valoraremos si es conveniente o no comunicarlo, tengo miedo de que quieran modificarla y llenarla de gente. Ya sabes, que han sido capaces de hacerlo en muchos otros espacios naturales de Teruel. A la administración le resulta muy goloso todo esto.
No te entretengo más, esperaré atento tu respuesta, perdona mi impaciencia.
Va a ser brutal te lo aseguro.
Chao.
Un abrazo.
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VIII
Aquella noche Carlos durmió intranquilo. Se acostó pronto, pero a pesar de tener todo el material preparado para su cita con Irune no terminaba de conciliar un sueño profundo. Por fin llegaba el día de enseñarle su gran descubrimiento en las galerías subterráneas del nacimiento del río Pitarque, algo que él creía que le serviría para terminar de completar su formación como Hidrogeóloga, situándose ambos como los primeros descubridores de aquella importantísima y enorme tan ansiada gruta.
Cuando Irune le contestó al correo diciendo que sí, Carlos se volvió loco de contento. Irune le contó que volvía a Teruel porque al lunes siguiente, tenía un reconocimiento médico debido a la excelente noticia de su próximo empleo ¡La iban a contratar para una nueva una oficina de evaluaciones de impacto medioambiental!
El despertador sonó a la hora programada, todavía era de noche. Carlos se levantó somnoliento, y fue directo al lavabo. Había que ponerse en marcha. Media hora más tarde recogía a Irune en la puerta de su casa. Ella también estaba ya preparada y al parecer muy ilusionada.
No habían vuelto a coincidir desde la ruta organizada por el club de montaña el día en que bajaron a las fuentes de Escuaín, adentrándose por la boca de la cueva hasta la cascada Silvia. Fueron momentos mágicos para ambos y para el anfitrión que les mostraba el sistema “Badalona”, la mayor integral que se conoce cuyo conjunto de simas, pozos y galerías desciende más de mil metros desde el circo de Gurrundué o los planos de Revilla hasta la garganta por la que surge el nacimiento del río Yaga, en pleno parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. Solo llegaron a visitar la parte final de la cueva entrando por la surgencia principal de la boca inferior, pero les resultó fabuloso e impactante esta forma de estudiar el funcionamiento de los ríos y el tránsito de las aguas subterráneas por el interior de las montañas.
Aquel amanecer camino al Maestrazgo, tras recoger a Irune en Teruel, pararon en el Pitarquejo, masada situada en una apertura del valle que queda flanqueada por enormes y enhiestas crestas rocosas plagadas de pliegues serpenteantes. Desayunaron en el bar del pueblo. Irune cogió una servilleta y en la misma mesa donde se estaban tomando el café trazó sobre el papel la silueta de la península ibérica, acto seguido empujó con los dedos en dirección Gerona-Cádiz, a continuación cortó con las uñas las crestas creadas en los pliegues producidos en la parte que correspondía al sur de Aragón y volvió a comprimir esta vez en dirección Valencia-Euskadi.
“-Ves esto es lo que le ocurrió al pliegue serpenteante que me acabas de enseñar. Hace veinticinco millones de años la orogenia alpina tuvo su máxima compresión en la dirección en que la placa ibérica chocaba contra Eurasia, aquellos anticlinales elevados se fracturaron por el centro comenzando a erosionarse hasta quedar desventrados, diez millones de años más tarde la placa africana empujó de nuevo con gran intensidad pero esta vez de forma oblícua, de tal modo que los primeros pliegues, convertidos para entonces en flancos verticales que se habían quedado aislados, comenzaron a arrugarse replegándose como una serpiente. ¡Ves que maravilla! Esto es algo poco común en la mayoría de los relieves del mundo. Así que podemos tratar a esta zona como un lugar único geológicamente hablando-”
Irune estaba entusiasmada. Pitarque tenía muchos motivos para ser un referente geológico, no solo por el hecho de poder ser candidato al clavo de oro, que Carlos proponía. Sino porque en conjunto era todo un espectáculo paisajístico. Donde se podían reconocer multitud de elementos geomorfológicos, unidades del relieve que afloraban en los potentes acantilados. Un GSSP (Global Boundary Stratotype Section and Point) es una capa de roca que marca un punto límite a escala planetaria entre dos estratos de edad diferente. El clavo dorado que se coloca para marcarlo es una pica de acero recubierta de bronce que concede la Comisión Internacional de Estratigrafía al lugar del mundo que mejor representa en sus rocas el evento geológico, marcando el final de un piso y el principio de la siguiente. Se han definido un centenar de ellos, pero hasta la fecha solo se han colocado sesenta y ocho, por lo que el resto quedan pendientes de decisión por parte de la comisión para elegir el yacimiento más representativo.
Salieron caminando desde el pueblo con las mochilas bien cargadas. Irune aprovechaba cualquier elemento del paisaje para asociarlo a sus conocimientos.
“-Mira allí se ve perfecto el cambio de buzamiento en los estratos, que vienen descendentes desde Fortanete y justo a la altura del nacimiento comienzan a cambiar la pendiente para colocarse cuesta arriba hasta llegar al corte de los acantilados en la Peñarrubia. Esto explica muy bien el punto de surgencia tan caudaloso que tiene Pitarque, entre las capas de calizas y margas de la formación Mosqueruela y las últimas capas de arcillas de la formación Utrillas, que hacen de lámina impermeable para que el agua se mantenga y salga a la superficie.-”
Una hora de camino les dio para disfrutar de las magníficas perspectivas que ofrece el amplio cañón, más profundo y sombrío cuando te vas adentrando en él, absorbidos por el bosque de galería y los extensos pinares que coronan las laderas, donde se refugian aprovechando el roquedo la cabra montés y el buitre leonado.
Cuando llegaron al mermado río que todavía tenía un caudal limpio y claro capaz de llenar las pozas y hacer cantarines sus rápidos, cruzaron el puente hacia la surgencia seca del Malburgo para adentrarse tras los matorrales hasta la boca de la gatera por donde Carlos se había introducido. Se colocaron los trajes de neopreno y sobre él un mono de trabajo. Las mochilas y el resto del material, excepto las luces frontales, linternas de repuesto y una cámara compacta, debían quedarse fuera, el pasillo era tan estrecho que era imposible pasar con nada más. La soledad del lugar, sobre todo a partir de ese punto, hacía que se pudiese dejar cualquier pertenencia al aire libre porque era seguro que nadie la iba a tocar.
Se introdujeron con los pies por delante al ser un tubo inicialmente descendente, unos metros más adentro un pequeño ensanchamiento permitía darse la vuelta en un ejercicio de contorsionismo. Cruzaron el laminador resoplando y respiraron aliviados cuando pudieron plantarse en la galería vertical de la cuerda fija, ahora solo quedaba descender hasta el agua y pasar al otro lado. Carlos que ya conocía el paso inicio la travesía.
Al salir del sifón, Irune se quitó el agua de la cara con las manos retirándose el pelo y cuando por fin abrió los ojos su mandíbula inferior se desplomó sin poder cerrar sus labios ante el asombro de la enorme bóveda que cubría la grandiosa sala de la que colgaban estiradísimas estalactitas formando alargadas cortinas sobre un amplio lago que alimentaba las dos surgencias del ojal de los Planos. Los agujeros, que suponían situados abajo a la izquierda, no se veían, ni tampoco la luz exterior pero en dirección a ellos giraban dos pequeños torbellinos de succión que producían un sonsonete rítmico similar al de un motor de dos tiempos. Su mirada hizo varios barridos a lo largo y alto de la ciclópea sala hasta que se terminó cruzando con los ojos brillantes de Carlos que esperaban su respuesta. Los brazos abiertos de ambos, alzados en señal de victoria, terminaron fundidos en un potente abrazo jubiloso.
Antes de comenzar a caminar flanqueando el lago, Carlos apuntó:
“-Hay que fijarse detenidamente por dónde hemos entrado ya que al volver puede ser un problema no encontrar la salida situada en este agujero tan pequeño dentro de este rincón de una gran sala, luego todo parecerá diferente por eso yo siempre que cambio de galería me doy la vuelta para ver la imagen que me encontraré de regreso y poder recordarla mejor-”
Irune propuso salir a buscar el flash automático de luz indirecta que había traído, pero que se había dejado en la mochila junto con el palo selfie y un minitrípode, necesarios para sacar buenas fotografías en la oscuridad. Carlos torció el gesto pero decidió salir al exterior a acompañarla.
Al asomar la cabeza por la gatera una sorpresa mayúscula los dejó helados a ambos.
“-Señorita Etxebarría García, qué sorpresa verla aquí-”
Carlos miró inquisidor a Irune, que no se explicaba nada de lo que estaba ocurriendo, el profesor Otegui prosiguió.
“¿Sorprendida? Les presento al consejero de turismo de la comarca del Maestrazgo, el Sr. Romero, Manuel mi socio y mis dos fieles espeleólogos Arcaiz y Bittor. Creía señorita Irune que estábamos juntos en esto y la verdad es que me ha sorprendido que no me comentara nada, ayer se dejó el correo abierto en mi despacho y no pude evitar leer que habían descubierto esta gruta. La verdad es que va a dar un valor añadido importantísimo a este paraje, ya de por sí extraordinario, sobre todo cuando abramos el túnel de entrada a la galería principal y esté terminada la carretera asfaltada desde Fortanete junto con el ascensor de bajada para personas discapacitadas que eliminará todas las barreras arquitectónicas existentes. Lo tenemos todo concertado con el Sr. Romero y la Excelentísima Diputación Provincial. Va a ser una ruta natural fabulosa, quizá una de las mejores de Europa, pero díganme una cosa, ¿de verdad creen que es tan evidente el estratotipo de la base del Coniacense? Será el primer Golden Spike situado bajo tierra del mundo”.
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IX

De repente un fuerte estruendo lo despertó. Estaba sudoroso, su corazón palpitaba acelerado. Todo estaba oscuro. Todo excepto los números luminosos de su radio despertador. Todavía faltaba media hora para las siete. Carlos se incorporó nervioso, confuso y asustado, no podía creer que todo hubiese sido una horrible pesadilla, lo había vivido tan intensamente que parecía real. Puso la cabeza entre sus manos, no iba a intentar volver a dormirse. Lo peor de despertarse a media noche es cuando solo te quedan unos minutos para levantarte. El angustioso ensueño lo había dejado turbado, tanto que tenía miedo de volverlo a sentir e incluso pavor de que pudiera hacerse realidad semejante premonición. Así que alargó el brazo hasta su mesita y abrió el Whatsapp, curioseó mensajes nuevos de varios grupos y al fin abrió el chat privado con Irune:
“Me he levantado con un fiebre tremenda, creo que no voy a poder ir, lo siento Irune ya quedaremos otro día”
Tras releer el mensaje, Carlos apretó al botón enviar y se levantó decidido. Desayunó rápido y en su coche solo cargó una palanca, dejó en la estantería todo el material de espeleología, la mochila y el saco de dormir. Había tenido dudas mientras decidía contárselo o no a Irune, pero ahora lo veía todo mucho más claro. La pesadilla le ayudó a elegir. Llegó a Pitarque al despuntar el alba y se encaminó hacia el nacimiento a buen paso.
Al llegar a su destino, se subió al gran bloque que bloquea el cauce como frontera entre el tramo seco y la fuente. Se plantó sobre él, con la respiración todavía agitada y haciendo un barrido panorámico con su mirada a todo lo que le rodeaba, aceptó con aplomo  que la decisión irrevocable ya había sido tomada.
Bajo hasta la boca de la cueva por la que transitó dos días antes, a punto de anunciar a Irune su descubrimiento y se puso a trabajar como un poseso. Llenó la gatera de grandes bloques justo por donde apenas se cabía para pasar hasta la galería principal. Lo cerró todo como si fuese parte del cauce. Con ayuda de la palanca desgajó una gran losa para que cayese encima del agujero simulando un desprendimiento. Ahora todo quedaba realmente oculto como había permanecido hasta entonces. Sin caminos ni cables de acero, sin barandillas ni chapas de hierro, sin escaleras ni pasarelas, simplemente quedó la cruda belleza natural de la roca. Carlos nunca se vio seducido por los maquillajes, que en ocasiones ocultan la realidad para transformarla en lo que los ojos de otros querrían ver, haciendo más fáciles y accesibles las fantasías irreales, lo inalcanzable, ocultando la propia forma original del ser sin respetar su natural hermosura para acabar borrando los rasgos distintivos a cualquier precio.
Aún no habían pasado ni tres días, cuando una potente borrasca centrada en Alborán provocó fuertes lluvias en el litoral mediterráneo. En algunos puntos del Maestrazgo se registraron hasta ochenta centímetros de nieve.
Carlos sonrió feliz. Las carreteras estaban bloqueadas, pero el agua pronto volvería a brotar inundándolo todo.

FIN

domingo, 22 de abril de 2012

Villaverde


VILLAVERDE
 (Cuento preseleccionado en la primera edición del concurso Miguel Artigas en 2001 y publicado en la revista de la Asociación Cultural del Torrijo del Campo en 2002)


     No hace demasiados siglos, en el fondo de un estrecho y fértil valle, a caballo entre los términos de Torrijo del Campo y Rubielos de la Cérida, se asentaba un bonito y pequeño poblado de piedra, habitado por unas cuantas familias dedicadas por completo a la ganadería de caprino y lanar.
     Villaverde, cuyas ruinas aún hoy se conservan o por lo menos en parte, estaba rodeado de montes salpicados de carrascas y rebollos que los resguardaba del frío viento en invierno y del sol en verano, donde sesteaba plácidamente el ganado en las horas de más calor. El abastecimiento de agua estaba asegurado con la balsa, una pequeña depresión ubicada medio kilómetro más arriba, que se llenaba con las fuertes nevadas de invierno. Más abajo e incluso en el mismo poblado se construyeron pozos para el abastecimiento humano y para el riego de los pequeños huertos sembrados principalmente de legumbres y hortalizas.
     La vida allí transcurría relativamente tranquila. Los adultos, en su quehacer diario ocupaban al completo las horas de luz solar. Las mujeres, en su mayoría, se dedicaban a las tareas domésticas y al cuidado del ganado joven, mientras cultivaban la huerta. Los hombres, en cambio, cuidaban del ganado en el monte, iban de caza, recogían la leña y bajaban de cuando en cuando al valle para comprar harina y vender corderos o algún que otro choto.
     Los más pequeños permanecían en el pueblo hasta que se consideraban adultos para ayudar en el trabajo.

     Leonor nunca conoció a su madre, murió nada más dar a luz a su hermano Luis. Los dos mellizos vivían en casa con su abuela Romualda y con su padre, al que no veían en casi todo el día. Romualda les enseñaba a leer en un viejo libro de misa, que el último párroco le regaló y aunque Luis ponía empeño, Leonor aprendió antes todo lo que su abuela les decía.
     Por la noche, al calor de la hoguera del fogón, la abuela contaba viejas historias, con las que hasta el padre de los mellizos, a pesar de haberlas oído ya más de cien veces, quedaba boquiabierto. Decía que en Villaverde siempre había existido un duende, un hombrecillo invisible a su antojo, que salía a rondar aprovechando la penumbra nocturna. Por el día se escondía en el interior de un gran chopo seco en los aledaños del pozo "El Puntal", allí dormía y soñaba con las maquiavélicas travesuras que haría en la siguiente ronda. Subía al pueblo alrededor de las doce y entraba en las casas para alimentarse con pan, huevos y leche de cabra, ya que éste era su menú favorito. Algunas noches bebía vino y a menudo se enfurecía maldiciendo su soledad y comenzaba a romper cacharros en la cocina. -"Una vez estando en casa de la Marcelina, bien entrada la media noche, empezamos a oír ruidos en la sala de arriba, salimos al patio aterrorizadas y vimos bajar una silla por las escaleras andando como si fuese un hombre"- contaba con entusiasmo y voz sigilosa la abuela Romualda.
     A Leonor le fascinaban las historias que su abuela contaba a la luz de las llamas y que después de oírlas les enviase a la cama advirtiéndoles que se durmieran rápido con los puños apretados para que no los encontrasen los duendes despiertos.
     Le encantaba ser niña, pero sabía muy bien que eso no duraría siempre. Su abuela cada día se hacía más mayor y su padre pronto necesitaría que le echasen una mano.
     Pronto fue llevada al ganado para aprender a ordeñar a las cabras y empezaba a estar menos tiempo en casa con su abuela y con su hermano, al que le daba pena dejar sólo.
     Luis siempre fue más débil, nació pesando mucho menos que Leonor, y nunca tuvo tanto apetito como ella, ni tanta vitalidad y por ello casi siempre caía enfermo al entrar el invierno.
     Aquella mañana de Noviembre Leonor salió con su padre para recoger la leche, de la que siempre, a escondidas de regreso a casa, bebía buena parte. Al contrario que a su hermano, le encantaba abocarse al cántaro caliente para saborear aquel tierno sabor de la leche recién muida.
     Al llegar a casa, la abuela ya se había levantado y acercándose a Leonor y le dijo: -"Hija tu hermano está muy enfermo y tiene muy mal color, ve a avisar al curandero"-.
     Se asomó a la habitación donde reposaba Luis y salió corriendo para avisar a Serafín el curandero.
     Largo rato estuvo Serafín observando y tocando a Luis con cara de preocupación, duda y desconcierto. Nunca había tenido un paciente de estas características, aunque comentó que en la casa de al lado también había caído enfermo el tío Bartolo. Sin saber muy bien que hacer, aconsejó seguir la receta que siempre había funcionado con los enfermos de estados febriles y diarreas.
     No había pasado un mes cuando el vecino murió y el estado de salud de Luis cada día era más grave, lo que desconsolaba a la familia y en especial a Leonor.
     Además en el pueblo habían aparecido más casos.
     A finales del mes de noviembre un desgarrador escalofrío, recorrió el infantil cuerpo de Leonor, arrancando dolorosamente parte de su alma, al enterase por medio de las lágrimas de su padre que había ocurrido lo inevitable.
     Leonor salió corriendo como fuera de sí hacia el bosque y subida en una enorme piedra, rompió a llorar desconsoladamente.
     Pasó la noche fuera preguntándose por qué a su hermano, por qué a ellos. Cuando pudo serenarse intentó hablar con las brillantes estrellas del firmamento procurando comunicarse con él y con su desconocida mamá. - "Se que estás ahí Luisico, pero no te vayas por favor"- pensó en voz baja, suplicando con los susurros entremezclados de llanto y lágrimas que le hacían ver las luces más puntiagudas. 
     Cuando el frío caló por completo en su alma y en sus huesos, las lágrimas ya se le habían secado y la cruda y cruel realidad le hizo regresar al pueblo maldiciendo aquel lugar infectado por una enfermedad mortal que afectaba ya a más de medio vecindario.
     Llegó a casa y su padre la estaba esperando sentado en la vieja silla de la entrada, se miraron, comenzaron a temblarles los labios y fuertemente abrazados rompieron a llorar de nuevo, después salió Romualda y los abrazo a su vez a los dos.
     La epidemia no tardó mucho en extenderse a casi la totalidad de las gentes de Villaverde y cada día había dos o tres entierros. La situación era alarmante y desolador. A Serafín el curandero, ya con indicios de estar infectado, no le daba tiempo de recoger las escasas plantas medicinales que en esta época salían. Pero aún así y a pesar de saber que sus pócimas no servían, el seguía con empeño y auténtica devoción intentando salvar a sus paisanos.
     -"Hija mía"- dijo Romualda a su nieta, con mucha seriedad y la sabiduría de la experiencia, -"Dios ha querido que tú y yo no estemos infectadas todavía, pero has de saber que tarde o temprano nos llegará, así que deberás estar preparada para marcharte......creo que tu padre, también está cayendo enfermo, esta mañana ha vomitado dos veces"-  La niña rompió a llorar y se tiró a abrazar a la abuela que con caricias, besos y sonrisas intentaba disfrazar tanta desolación y tristeza.
     El mismo día que su padre murió lo hicieron cinco más y se podían contar con los dedos de una mano las personas que quedaban en el pueblo.
     -"Leonor, Leonorcita, ven aquí, siéntate conmigo"- dijo con voz dulce la abuela Romualda. La niña se sentó a la orilla de la cama. La abuela acarició su cara, retirando el pelo de su flequillo muy suavemente, y con voz baja y muy grave dijo:   -"¿Te acuerdas de aquella paloma que empujada y arrastrada por el viento de una gran y feroz tormenta apareció solita en una isla desierta y que su espíritu lleno de valentía y serenidad le hizo decidir atravesar el océano guiada por una estrella en la noche?"- La niña asintió con la cabeza esperando a que la abuela prosiguiese. -"Bien, pues ahora tú eres esa paloma, busca la estrella en tu corazón y agárrala con fuerza"- dijo la abuela acentuando el tono de voz con las últimas fuerzas que le quedaban.
     -"Coge la manta de lana que hay en mi armario, llena la cestilla de pan, huevos, longanizas y queso, ponte ropa de abrigo y llévate las dos cabras-" dijo tapándole los labios con el dedo índice para evitar que llorara: -"Aquí no vamos a quedar nadie, es el momento de que te marches"-.
Sin poder evitarlo los ojos se les encharcaron y con voz tintineante le dijo: -"Partirás  mañana al amanecer, cogerás el camino del pozo "El Puntal", rambla abajo, y al poco verás otro más pequeño con brocal de piedra maciza, allí pararás a almorzar y descansar. Divisarás un amplio valle con alamedas en el centro. Después partirás yendo siempre en la dirección del sol poniente hasta llegar a un pueblo llamado Torrijo del Campo, allí te acogerán."-
    
     A la mañana siguiente la niña se despertó al alba y tal y como había indicado la abuela preparó todo con el cuidado y el orden que le caracterizaba y con una serenidad pasmosa en una niña de nueve años, se acercó al lecho de su moribunda abuela y la beso en la frente. Se retiró lentamente caminando hacia atrás. Su último gesto recíproco fue una sonrisa de esperanza, que la abuela devolvió como diciendo "Hasta luego, cuídate bonita".

     Al salir del pueblo echó la vista atrás, deteniéndose un instante cogió gran cantidad de aire por la nariz y con los ojos cerrados decidió seguir el consejo de su abuela.

     Llegó a Torrijo poco antes del mediodía, tal y como había predicho la abuela la acogieron en una casa de gente humilde y buen corazón.

     Tardaron muchos años en subir a Villaverde, el pueblo del que Leonor partió para no volver jamás. Las tierras fueron repartidas entre los vecinos de Torrijo y decidieron no reconstruir aquel lugar que un día asoló una mortal epidemia de las que por entonces contagiaban y arrasaban esta parte del mundo.

viernes, 17 de febrero de 2012

PLACAS DE ARENA





I

            Amaneció sin hacer ruido. Se notaba que aquella gigantesca bola rojiza estaba muy lejos de la Tierra, y que al salir, ni siquiera rozaba la atmósfera. Sólo algunos vencejos y aviones roqueros se habían dejado caer hacia el impresionante vacío con vuelos acrobáticos desde sus nidos colgados en los techos de arcilla seca, coronados a su vez por un maravilloso cielo azul, inmaculado de nubes.
            En las Cárcavas del Diablo se respiraba un ambiente cálido, seco e inhóspito. El sobrecogedor paisaje guardada, entre los tonos marrones y anaranjados de las arcillosas formaciones esculpidas por el tiempo, las impresionantes paredes del Frontón y unas enormes chimeneas de hadas que apuntaban al cenit coronadas por un enorme sombrero rocoso. El maravilloso valle tenía solamente un acceso: El collado Rojo. Aquella bonita mañana el silencio terminó allí.
            -"¡Míralas Dani! Vamos sube, ahí están, UUUUUUh!"-, gritó Luck con aire triunfador nada más asomarse por el collado, -"Esto sí que va a ser fuerte tío. Son flipantes. Alucino sólo de pensarlo- volvió decir voceando, emocionado por completo y con el vello erizado como tantas otras veces.
            Lucrecio llamado así de pila en honor a un tío suyo ya fallecido, era un tipo explosivo e inquieto, pero gran compañero y amigo del Daniel que venía reventado medio kilómetro más abajo.
            La recién cumplida mayoría de edad les había sentado muy bien, o por lo menos eso creía Luck, que se sentía fogoso e imparable. Y ahí estaba, en lo alto del collado dando saltos, gritando y haciendo aspavientos.
            Cuando llego Dani, exhausto, tiró la mochila al suelo y aspirando gran cantidad de aire repetidamente, dijo:
            -"No puedo más, podrías haber avisado de que teníamos ocho kilómetros"-
            -"¡Hala! exagerado, pero si está ahí al lado, venga no te quejes y contempla el panorama que nos espera. Es.... es lo más guapo que he visto en mi vida"-.
            -"No te alucines que aún hay que bajar otra vez a la estación. ¡Quedan dos mochilas como baúles!"-.
            -"Claro, si no te trajeses tantas libretitas, para escribir, no llevaríamos tanto peso"-.
            -"Si hombre las libreticas serán, aún no se si en otro viaje traeremos todos esos hierros, o "clavos de diseño", que les llamas tú"- reprochó Dani -"Mira tengo unas ganas de meterme en la tienda a descansar que no lo sabe nadie. ¡Bufff!... y pensar que aún hay que bajar a discutir otra vez con el de la taquilla, porque dice que allí no hay consigna y si no vamos antes de las seis, que pasa el último tren, nos saca las mochilas a la calle. ¡Será cafre el tío".
            -"Bueno, bueno, Dani, que yo también estoy cansado ¿eh? Desde las seis de la mañana no hemos visto nada más que tren y sol, pero vamos a montar las tiendas y nos marchamos pronto para no volver de noche. Me gustaría ver amanecer aquí, tiene que ser algo muy especial”.

            Después de montar su tienda y organizar las primeras mochilas en un claro del valle, bastante llano y de tierra suave, desaparecieron por el alto del Collado Rojo y volvieron a dejar de nuevo un limpio y nítido silencio en el valle, al pie de las cárcavas del Diablo.

            Aquella noche durmieron sin tregua, hasta bien entrada la mañana cuando la luz del sol molestaba ya en los ojos a través de la tela del sobre techo.
            -"Hoy toca acarrear agua Luck"- dijo Dani desperezándose nada más salir de la tienda.
            -"Si tío y además nos hemos levantado muy tarde, el sol se       nos va a comer"-
            -Venga, venga, que no es tan tarde, siempre estás con el madrugar, yo estaba reventado de ayer.-"
            -"Mira que si no llegamos a encontrar la tienda, y tenemos que pasar la noche fuera"-, dijo Luck sonriendo con cierto tono de burla.
            -Sí, anda, lo que nos faltaba, llegamos a las tantas y a dormir debajo de cualquier matojo, en la posada "La estrella". ¡Anda tira!, calienta un litro de leche, que las magdalenas secas no me pasan bien"-contestó Dani.

            Después de desayunar tranquilamente, retomaron el camino de vuelta al pueblo, en el que se habían apeado para dejar continuar al tren su camino hacia el sur. Volvían con la intención de traer agua para los siguientes cinco días. La ascensión iba a ser muy dura, deshidratadora, así que deberían traer, al menos diez litros, cada uno, en sus cuatro garrafas de plástico.
            Antes de partir, Luck señaló a Dani la ruta que le proponía para subir al peñón de San Bartolomé, un enorme farallón arcilloso en la mayor parte de su recorrido, desde la base, pero coronado por estratos rocosos horizontales, típicos de gargantas desérticas. Dani dijo que no le parecía mal, pero que no se precipitase, que había que estudiarlo con calma, la cosa no estaba nada clara y sí bastante "chunga" auguró.
                             * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *



II
Las conversaciones camino abajo, solían ser bastante jugosas. La común ideología contra la actual sociedad, el capitalismo y las religiones, hacían de estos dos ateos-antitodo consumados, unos críticos salvajes contra todo lo que de civilización se tratase. Les apasionaba la evasión total, escapar de todo ambiente humano y urbano, y poder pensar con claridad en lo que realmente era placentero en su vida.
            Después de comer en el pueblo y mientras Luck dormitaba a la sombra de los chopos, Dani escribiría un texto en su cuaderno de campo, hasta que la impaciencia de Luck al despertar espantara su musa, haciendo evaporar la tan preciada y a veces escasa inspiración.

            A la mañana siguiente, y justo antes de salir el sol, Luck hacía un rato que estaba despierto y ya se había levantado. Le encantaba ver amanecer, aunque la pereza y los grandes edificios de su ciudad se lo impedían gran parte del año. Pero ahora no sólo le atraía sentir brillar los primeros rayos en el rostro, respirar el aire fresco en sus pulmones o escuchar a las aves más madrugadoras, sino que quería conversar con la pared. Un duelo íntimo les esperaba y quería tantearla como si algo mágico, sobrenatural y con personalidad propia se escondiera dentro de ella. Quería entrevistar a esa deidad que para él era la madre naturaleza, presentarle sus respetos, pedir permiso para introducirse y preguntarle humildemente si los iba a aceptar como sus visitantes e hijos y si les permitiría arañar suave y cariñosamente sus escarpadas entrañas.
            A pesar de su visión clara de la vida, sin un dios todopoderoso y omnipotente, Luck había ido a visitarla y allí permanecía plantado cara a cara con el peñón, adorando y observando como las sombras de las cárcavas y los maravillosos contrastes luminosos iban evolucionando a medida que aparecía más luz en la mañana y se reflejaba en su divina pared.
            Dos horas más tarde, regresó desde su atalaya hasta la tienda, donde Dani permanecía acurrucado en el interior de su saco, dormitando y aprovechando los últimos instantes de sueño.
Al abrir la cremallera de la tienda, Dani se despertó y giró levemente su cuerpo para comprobar dónde y con quién se hallaba. Sus sueños, tal y como él decía, eran tan reales como palpables y cuando se despertaba no sabía realmente si todavía era parte de él o no lo que veía, por ello siempre solía contar parte del último sueño nocturno con una claridad pasmosa, aunque algo surrealista, claro.
            -¡Ostras!- exclamó Dani- pensaba, cuando has abierto la cremallera que eras el mono azul del cirujano que me iba a    operar"-
            -"¿Qué?- Preguntó Luck asombrado.
            -"Es que me ha atropellado un autobús cuando salía del portal esta mañana"- respondió Dani -"Resulta, que me he despertado a las nueve menos veinte y no me había sonado el despertador, me he vestido a toda hostia y con un trago de leche a medio tomar, los libros y la carpeta desordenados bajo el brazo, he salido corriendo hacia el Instituto, de repente he mirado a la derecha mientras corría por la acera y un       pequeño autobús conducido por el de matemáticas poniendo cara de asesino me ha pasado por encima. Yo creo que lo ha hecho a           propósito.
            -"¡Venga ya!, levántate y lávate la cara"
            -"Pero si es muy pronto tío"- respondió Dani- "Y tú qué, ¿de dónde vienes ahora?, no has dormido nada y te has bajado al "Puti" del pueblo, ¡Salidorro!- preguntó riéndose.
            -"Me he levantado a ver salir el sol y a estudiar el posible itinerario. Creo que es más fácil de lo que parecía. El primer tramo es una placa vertical de unos sesenta metros hasta una repisa de roca, luego comienza a abrirse un diedro             que termina por lo visto cerrándose en una gran chimenea. La salida te deja debajo de unos techos que se pueden bordear hacia la derecha, hasta llegar a otra gran placa, que ya no se ve muy bien porque va dando la vuelta al peñón, y desde allí, escasos treinta metros de capas de piedra horizontales nos llevarán a la cumbre"- terminó diciendo Luck muy contento y animado.
            -"Bueno, pero ya has preparado el desayuno o ¿qué?"- dijo     Dani con cierto desinterés al itinerario de Luck.
            -"Venga si levántate desayunamos y nos vamos a probar éstos             piolets y crampones de "prestados".
            -"Anda que si nos llegan a pillar. Flipas ¿sabes?".
            -"Y lo de la soldadora.. ¿que?, te moló, ¿no?"-.
            -"Si es que,... no se yo para que voy con personas tan   temerarias"- respondió Dani en tono de desconfianza -"Anda             que estarán buenos los hierros que soldaste"-.
            -"Bueno todo es cuestión de probarlo, yo creo que están de    puta madre, aguantarán bien"-.
            -"Más te vale, porque si después de subirlos desde la estación no sirven, te mato"- respondió Dani en tono de amistosa amenaza.
            La cara de Luck esbozó una sonrisa, mientras salía de nuevo al exterior, dispuesto a calentar un tetrabrick de leche y sacar las pastas de la mochila.
            Después del desayuno se dirigieron al pie del paredón de San Bartolomé, que así se llamaba tal y como indicaba su mapa topográfico, no sin antes haber cogido el material necesario para las pruebas que pretendían hacer. Se habían colocado los arneses y en la mochila estaba la cuerda junto con los piolets, crampones, cordinos y gafas para el polvo y la tierra. Dani portaba de nuevo, no con mucho encanto, los pesados clavos caseros de Luck.
            La última vez que Luck vio esta zona fue de lejos y cuando tenía trece años. Aquellos veranos viajaba todos los meses con su padre en una larga pero paisajística ruta que le habían asignado, desde entonces estaba enamorado de las Cárcavas del Diablo, aunque esta era la primera vez que se adentraba en ellas. Pero ahora no sólo dispuesto a visitarlas sino a desafiar también al vacío desde sus enormes paredes, en compañía de su compañero de fatigas y fiel amigo del alma.
            Cuando llegaron a la base del Paredón, tiraron de nuevo las mochilas al suelo y se sentaron a contemplar el magnífico paisaje que desde allí se divisaba. Recuperaron el aliento jadeando, debido a la fuerte pendiente que hasta allí subía y Dani dijo a Luck:
            -"Mira que pequeña se ve la tienda desde aquí"
            -"¡Ostras sí!- exclamó Luck, que tras un largo rato de silencio y ante la impresionante vista del valle propuso:
            -"Bueno qué...... ¿empezamos?"-
                                                           * * * * * * *
                                     


                                    III

      Dani tenía como casi siempre su cuaderno de notas en la mano dispuesto a abrirlo y reflejar allí sus sentimientos. Él tenía muy claro que nunca triunfaría como escritor, pero le encantaba enviar cartas sentimentales y por ello, a pesar de haberse reafirmado como un literario fracasado en varios concursos de su instituto, él seguía haciendo bailar a su pluma sobre el blanco papel al son de sus ideas, cosa que a Luck a veces le molestaba, sobre todo si había que escalar: -"¿Ya estás otra vez? venga deja tus poemas y vamos a darle tío-"
            -"No son poemas, son escritos y relatos sobre lo que veo y respiro aquí, luego de viejo ya verás como te gusta leerlos. Anoto unas cosillas y empezamos. ¡Descansa tranquilo!"-.
            -"Pero si luego no lo has de leer ni tú"- reprochó Luck.
            -Bueno, pero cuando terminemos esto y seamos famosos, algo             habrá que enviar a la prensa y las revistas de montaña además de las fotos de tu cutre cámara"- dijo Dani.
            -"Está cámara es una reliquia tío, ya la podemos cuidar bien   sino mi viejo me mata"-
            -"Mira te voy a leer lo que escribí ayer después de comer,      a ver si te mola"- propuso Dani.
            -"Venga, va, pero que sea rápido"- aceptó Luck.
Y Dani comenzó a leer suavemente:
"Tumbados, frente al cielo, con ese fondo azul claro luminoso, salpicado por la cúpula vegetal de las tintineantes hojas verdes de la alameda, nos extasiábamos mirando simplemente a la nada. Fascinados por los relajantes sonidos y los vibrantes destellos plateados del batir de las copas de los álamos acompasados por la brisa nos relajábamos.
Era una tarde apacible y sabática, azulada y limpia. Sólo se respiraba tranquilidad, sabor suave a hierba fresca. Tréboles de espuma nos sustentan entre sus cabellos rizados. Yacíamos sobre la misma cuna del tupido follaje de tallos tiernos y flores nuevas por la que caminan las hadas.
En los oídos armonía, en la mente....nada, inmaculada, vacía de todo pensamiento, dedicada únicamente a percibir las cualidades del ambiente, y las del tranquilizante humo del libanés que hacía poco habíamos consumido.
            El tiempo había perdido su característica de inmortal e imparable. El viento y su cálido y sinuoso danzar nos elevaba, con su mágico zumbido de suaves ráfagas, imitando al Om de los budistas de Lhasa, haciendo girar, al son de su danza, todo el firmamento, moviendo y tambaleando a todos los grupos de árboles cercanos y transportándonos espiritualmente al paraíso.
Así eran nuestros veranos eternos e intemporales".

            Dani dejó de leer y mirando orgulloso y con cierto miedo hacia la crítica de Luck le preguntó: -"¿Qué, te ha gustado?"-
            -"No está mal, aunque un poco cursi ¿no?, y cuidadito al publicar lo del libanés, que en casa nos la montan"-.
            -"Tranquilo Luck, que mi vieja tampoco se haría a la idea"-     contestó Dani-"No te preocupes que eso lo quito"-.
                       
            Luck empezó a colocarse el arnés y a colgarse los demás aparatos, mientras Dani, mirando a la nada como si se hubiera quedado encantado con una idea comenzó a escribir, como siempre, en la siguiente página:
"Agradecería mucho poder plasmar por escrito, todo lo que pasa por mis ojos y mi mente, aunque claro está, debería siempre hacerlo de forma clara, bella y ordenada. Me gustaría escribir todo lo que me ocurre, todo lo que sentimos y todo lo que nuestros sentidos pueden percibir aquí. Describir este bellísimo paisaje, su aroma, su armonía, su melodía sonora, la velocidad de la brisa, su calidez, su finura, la cambiante tonalidad de sus sombras...... No sólo la imagen que me hace extasiarme deleitándolo, también  el dinamismo y el lento fluir del tiempo aquí, respirando pureza, quizá por eso a veces vea muy pobres las fotografías, cuando en ellas sólo veo una parte ínfima del recuerdo, de lo que allí he sentido. Y cuando dentro de muchos años le dé la vuelta a esta imagen, a esa foto, tampoco ocurrirá lo mismo que ahora, ni me dará el sol en los ojos, ni el viento, ni la juventud. Debemos pues almacenar todo lo que podamos en el recuerdo, ese hueco mental que el tiempo irá vaciando y trastocando, sin dejar apenas rastro de lo que verdaderamente esto fue, ni de como nosotros aquí estuvimos y pasamos malos y buenos ratos, y....."
            -"Venga Dani, ¿empezamos o qué?"- interrumpió Luck a modo de protesta.
            -"Un momento que sólo me quedan dos líneas"- solicitó Dani    sin despegar la pluma ni la vista del papel.
".......en fin que todo este paraíso es maravilloso y lo siento de forma más intensa a como lo expreso. Es como si bebiera un licor celestial".

                                               * * * * * * * * *  
                                     IV

La arcilla de la pared era más compacta de lo que esperaban, cosa que les alegró bastante y fue de gran alivio. Los piolets y la puntas de los crampones entraban muy bien, y daban bastante seguridad, aunque mucho menor que la del hielo en el que normalmente escalaban utilizando estos aparatos.
            Luck ascendió tan sólo tres metros y se apoyó sobre un piolet cogido al arnés.
            -"Esto aguanta Dani, ya te lo decía yo que estaba chupado, anda pásame un clavo"-.
            Dani sacó de su mochila uno de los hierros con punta para pasárselo a Luck, varillas que el mismo había fabricado soldando una anilla en el extremo posterior. Sus cuarenta y cinco centímetros de longitud, encajados en la arcilla, deberían de ser capaces de aguantar una caída sin salirse.
            Luck, impaciente, comenzó a dar mazazos al clavo, los primeros le hacían penetrar suavemente, y al final cuando ya la anilla tocaba casi la pared, se notaba más consistencia en la arcilla. Luck colocó una cinta express en el anillo y pasó su cuerda por el mosquetón inferior. Mientras, Dani, alerta, se había colocado el ocho en el arnés y esperaba asegurando a Luck.
            -"Dani asegura que me tiro"- avisó Luck.
            -"Cuando quieras".
            Luck sacó poco a poco su piolet clavado y dando un pequeño salto se dejó caer hacia detrás. Medio metro más abajo su cuerpo se frenó repentinamente.
            -"¡Ey!, tío esto funciona"- dijo Luck orgulloso, mientras Dani lo confirmaba con una sonrisa.
            Luck entusiasmado recuperó un metro hacia arriba, quedándose esta vez por encima del clavo -"Asegura Dani que me tiro otra vez"- y volvió a soltarse para comprobar si realmente aguantaba el clavo o no.
            Repitió la operación otras dos veces más para convencerse a sí mismo y demostrar a Dani que aquella escalada era segura. El clavo hizo su agujero algo más ancho de lo que inicialmente era, pero aguantó muy bien el tirón sin salirse, quedándose bien adherido a la pared. Y muy probablemente hubiera aguantado otras cinco o seis caídas más antes de soltarse.
            Luck bajó al suelo y con mucho ánimo dijo a Dani:
            -"Esto es una pasada tío, los hierros del taller de tu barrio son de excelente calidad"-.
            -"Varilla de acero corrugado del 10, chaval. Anda que… aquella          noche fue un show cortando varillas a escondidas"-
            -"Si pero mereció la pena, son cojonudas, venga dame diez que voy a probar a hacer un largo. ¿o quieres probar tú?"-.
            -"No, no, ya probaré luego"- contestó Dani.
            Luck cargó su arnés de seguros, cintas express y cintajos, y dando explicaciones a Dani de su tierna e inexperta experiencia en esta disciplina comenzó a subir lleno de orgullo. Cuando llegó a una altura de cinco metros aproximadamente y habiendo pasado la cuerda por el ensayado primer seguro, se bloqueó de nuevo sobre el piolet y dispuesto a colocar el segundo clavo, dijo a Dani con aires de sabiduría:
            -"Lo que hay que hacer es colocar el clavo ligeramente inclinado hacia abajo para evitar que se salga en las caídas, luego ya los quitaremos tirando en dirección   contraria"-
            Colocó seis clavos consecutivos más sin dejar de hablarle a Dani, demostrando una tranquilidad saturada de adrenalina, un estado propio de él en sus escaladas, a caballo entre la frontera del nerviosismo y el miedo. Cuando llegó a los treinta metros Dani le avisó, diciendo que la marca de media cuerda estaba ya en el ocho y Luck instaló la primera reunión con los últimos tres clavos que llevaba.
            -"¡REUNIÓN!"- gritó, -"Bueno Dani ahora te toca a ti"-
            -"Subo y nos bajamos a comer"- contestó Dani -"voy quitando los seguros"-
            -"Quítalos mejor de subida y así los dejamos ya en la reunión y esta tarde subimos con menos peso"- recomendó Luck.
            -"Tienes razón Luck, me subo otro para estirar de ellos y darles vueltas"- dijo Dani.
            -"Venga cuando quieras"-.
            Dani se colocó los crampones en las botas y cogió sus piolets.
            -"¡Que Voy!"- gritó y comenzó a escalar.
            -"Esto funciona Luck"- dijo cuando llegó al primero de los      seguros, que extrajo sin demasiado esfuerzo.
            -"Ves Dani, ya te lo decía yo"- contestó Luck.
            El resto de los seguros salieron tras dar unos golpes de arriba a abajo y viceversa, para que se movieran. Al cabo de diez minutos estaba ya con Luck en la reunión. Allí se dieron la mano y se abrazaron saboreando aquella pequeña avanzadilla en el primer paso hacia la cumbre, hacia la victoria, y desde allí descendieron a rápel después de contemplar, por un breve espacio de tiempo el magnifico paisaje desde las alturas. El sol pegaba ya con fuerza sobre sus cabezas.
            -"Sabes Luck. Lo único que me jode de esto, es la mala y falsa publicidad que desde la sociedad se le ha dado a la escalada. Bueno incluso desde nuestras familias hay rechazo e intentan convencerte de que esto son tonterías, que para que sirve hacer cosas tan peligrosas. Mi madre me dice: <<que pretendes superarte probando cosas nuevas, pues algún día ya verás, algún disgusto tendremos>>. No se, me da la sensación de que además de que no nos comprenden ni nos entienden, no saben escuchar nuestros sentimientos, nuestras pasiones. No saben valorar correctamente la satisfacción y el riesgo, ni tan siquiera entienden lo que es el puto peligro ni saben donde está. En cierto modo, y como casi siempre pasa, hay actos que aún siendo una barbaridad están socialmente aceptados y no encajan mal, pero al que le atrapan y caen sobre si, las malas lenguas....va preparado. Tu puedes fumarte dos paquetes de tabaco al día y el sábado por la noche cuatro si me apuras y la peña, <<sí>>, te dirá: <<Fumas mucho, tío>> y esa misma persona te ve con un porro en la mano y te da la espalda, te tacha de drogadicto o va diciendo por ahí que acabarás mal. ¡Vamos, sin sentido!... Yo siempre digo que es más peligroso el traslado en coche hasta las paredes que luego la propia escalada, aunque al personal... la carretera no le asusta, y se la traen floja los cincuenta y seis muertos de un fin de semana. A mi también me la suda pero me molesta cuando nos tratan de locos amantes del riesgo, los mismos que se montan en un coche hasta el culo de cerveza, para ponerlo a cientochenta kilómetros por hora.
     -"Pasa de todo tío"-contestó Luck-" la gente es así, la sociedad es basura, suciedad, están llenos de prejuicios y moral. Esto nos tiene que dar la libertad suficiente como para no acordarnos de ellos, en parte, por eso escalamos ¿no?........"-.
     -"Si tío, ¡LIBERTAAAD!"- gritó Dani dejando que el grandioso eco le contestase, -"además aquí no hay ni puto cristo ¡QUE OS JODAN!"- volvió a gritar.
     -"La sociedad, Dani, es la rehostia y podemos estar rajando todo el mes si quieres. Son muy absurdos sus valores, alaban el trabajo, la pureza, la puta discreción envuelta de hipocresía.....Me resulta muy gracioso, aunque a veces violento, escuchar a dos presuntuosas madres alardear del curro de sus hijos: <<y tú, ¿que tal el mayor?>> <<¡Uy ya está trabajando, se ha metido en lo de las aguas>> <<Pues el mío se ha colocado en la JK, trabajan muchas horas pero les pagan bien>>"- dijo Luck imitando exageradamente una voz de marujona -" yo es que alucino, es como decir: <<mi hijo está en una de la mejores cárceles, ah ¿y el tuyo en libertad?, no te preocupes pronto encontrará un buen presidio>>, vamos, sin sentido y así mogollón de cosas"-.
     -"Luck ¿Sabes lo único que nos haría falta aquí"-
     -"¿Qué?"-.
     -"Que se animará un poquillo este deporte tío, falta representación femenina, ¡que sólo escalamos maromos[1]!. Ahora podríamos estar aquí,... junto a otra tienda con dos.... lobitas"-.
     -"Sí tío podría venirse la pelirroja de mi barrio"-.
     -"¿Quién Míriam?"-. Y Luck asintió con la cabeza enarbolando una feliz sonrisa.
     -"Jodo, esa escalaría bien eh?,- Dijo Dani agitando la mano -"con el temperamento y la mala hostia que tiene...."-.
     -"Está muy buena tío"- interrumpió Luck -"y la mala hostia.... no sé..... Yo creo que debe ser muy dulce en algunas ocasiones.-
     -"¿Pero no era tu prima?"-.
     -"¡Bah!, pero lejana tío, por lo menos cuarta o quinta.
     -"Ya empiezas...."
     -"No sabes las veces que pienso en ella tío"- dijo entre suspiros Luck -"Cierro los ojos y la veo caminando imponente hacia mí, con sus gruesos y sabrosos labios húmedos de saliva y sus pechos vibrado al son de su rítmico caminar. Se acerca sonriente y sin decir nada cruza por delante de mí, que no he dejado de mirarla por encima y a través de mis gafas de sol, desde el asiento de mi coche, con una mano en el volante y el codo apoyado en la ventanilla bajada, abre la puerta y se sienta a mi lado.
     -"Pero si tu no tienes coche"-
     -"¡Calla tío que me despiertas! y no quiero perderme este maravilloso sueño"- protestó Luck con los ojos ligeramente cerrados ya, y continuó extasiado diciendo: -"Entonces ella me dice con voz muy dulce y sensual: <<¿Nos vamos?>>, yo arranco sin dejar de mirarla y ella a mí. Tras un largo rato de silencio y rompiendo muy dulcemente la fina capa de hielo ya casi derretida, me dice <<¿Sabes lo que me apetece ahora mismo?>> <<¿Qué>> le contesto yo ansioso y desbocado <<Para el coche y te lo digo>>. Aparco en la primera chopera que hay a mano izquierda, me mira sugerente y con cierta timidez susurrante me dice al oído <<¿Me dejas ver la cicatriz de tu muslo?>> Se me cae el cielo y me derrito. Lentamente me desabrocho el cinturón, el botón y la cremallera. Empujando con las dos manos consigo, a pesar de la estrechez del volante y la vergüenza cada vez más aplacada por la excitación, bajar mis pantalones hasta la altura de mis rodillas. Ella me mira fijamente, apoya su mano en mi muslo y lentamente baja su mirada y la cabeza hasta rozar con sus labios mi cicatriz. Un maravilloso escalofrío recorre todo mi cuerpo desde las uñas de los pies hasta los últimos pelos de la cabeza, erizando todo el vello de mi cuerpo cuando siento su cálido aliento. De forma mágica y casi instantánea se han reclinado al máximo los respaldos de los asientos y al retirar su cara de mi muslo ha rozado muy suavemente, con su tierno carrillo, mi abultada ropa interior. Su mirada se pierde en mis pupilas y luego en mis labios y cerrando paulatinamente sus párpados me ha dado un ligero beso en la boca.
     Tumbados, me acerco a su oído y le digo <<Me gustaría verte desnuda>>. Ella cierra sus ojos inspirando aire como entusiasmada. Luego, con una seria sonrisa me mira fijamente y comienza a elevase el suave vestido de tirantes. Miro lascivamente todo su cuerpo y lentamente me inclino para besar su tobillo, humedezco su piel con mi lengua y asciendo lentamente por el interior hasta la parte trasera de su rodilla. Continúo por el mullido y rosado muslo dibujando circulitos. Dos centímetros antes de llegar a sus blancas e inmaculadas braguitas de seda, absorbo con fuerza su cálida piel como si quisiese engullir un flan. Acaricio su sexo con mi pelo mientras lentamente separa sus piernas. Trazo pequeñas espirales con la punta de mi nariz sobre la blanca seda, para notar y escuchar debajo, pequeños chasquidos acuosos que calientan y lo humedecen todo, cuando arrugo a empujuncitos su ropa interior. Me alejo del pubis y si despegarme de su vientre diviso dos prominentes  y redonditos pechos ocultos por un elástico y deportivo sostén de un blanco también muy luminoso. Acaricio su estirado cuello con los dedos y dejo escurrir hacia abajo el elástico tirante izquierdo del sujetador, que poco a poco descubre una linda y suave montañita de piel coronada por un rosado y erizado pezón. Sin saber como y de forma casi automática el broche trasero del sujetador se ha soltado, suavemente lo separo entre los dientes y rodeo con mis labios su rosada y tierna areola expulsando jadeante un abrasador aliento, los cierro como entre nubes y estiro muy despacito hacia detrás, dejando que se escurra lentamente hasta su posición original repetidas veces. Su cara, extasiada, gime impulsivamente con la cabeza recostada hacia detrás y los párpados semicerrados.
     Sus manos intentan lentamente bajar sus braguitas de miga de pan. Cuando conseguimos quitarlas, sólo nos separa la piel, desearía comerme su sexo, pero me ha apretado contra su cintura abrazándome el trasero. Nos acariciamos dibujando ochos, todo está muy caliente y jugoso, poco a poco nuestros cuerpos se funden, me da la vuelta y se coloca encima de  mí. Veo sus pechos colgantes vibrar como frutos maduros al son de su acompasada pelvis. Su largo pelo oculta los semicerrados ojos, casi en blanco. La expresión orgásmica de su desvanecido rostro me hace perder el control. Dos gotas de saliva penden entre sus labios mientras brilla su frente salpicada de sudor y entonces todo explota.
     No me retiro, siguiendo el consejo de aquel viajero de Damasco, hasta comprobar que realmente ha experimentado más placer que yo, y saber que realmente la he amado de verdad"-
Tras un corto espacio de silencio, Dani que había permanecido sonriente y aguantando las carcajadas en algunos momentos respondió:
     -"¡Qué salido estás tío!"-.
     -"¡Uff! Cuantas noches me ha hecho sudar y en cuantos sueños me ha hecho reinar. Es fantástica"-
     -"Tú sí que eres fantasía"- añadió Dani -"cualquiera que te escuche pensará que eres un guionista de pelis porno"-.
     -"Si tío, pero como decía Sabina:
     _  <<.....no se que diera, por tenerla ahora mismo mirando por encima de mi hombro lo que digo>>_
     y comenzaron los dos a cantarla al unísono sin saltarse ni un solo verso:
     -"..._ Le di mis noches y mi pan mi angustia mi risa
     a cambio de sus besos sin su prisa......."-
                                   * * * * * * * * * * * * 



V     

            Después de comer una lata de lentejas con chorizo y mucho pan, vino la digestiva siesta de rigor. Por la tarde, con el sol ya casi caído alcanzaron los cincuenta y cinco primeros metros donde colocaron la segunda reunión e instalaron definitivamente la primera cuerda fija para ascender el resto de los días yumareando.
-"Dani esto marcha, hemos avanzado un buen trozo hoy"- dijo Luck cuando Dani estaba a punto de llegar a la reunión habiendo recogido todos los clavos- "Si seguimos así"- añadió, -" en tres días más estaremos en la cumbre".
-"Esto no es una repisa de roca como dijiste el otro día"- dijo Dani ya incorporado en la reunión -"es más arcilla dura. Blanca, pero arcilla y tierra, voy de polvo hasta las orejas, menos mal que se me ocurrió coger dos pares de gafas de protección, si no......"-.
-" Mira Dani"- dijo Luck mostrando el paisaje a su compañero  -" aprovecha, disfruta de este atardecer tan bonito,... respira aire puro, que ahora ya no hay polvo"- terminó sonriendo.
-"La verdad es que aquí se está de puta madre, esta vía es como el mirador de los dioses en este maravilloso y abrupto desierto rojo abarrancado, y esta reunión es el balcón del mirador"-
-"Oye Dani me gusta el nombre aunque un poco largo, se podría quedar como EL MIRADOR DE LOS DIOSES"- contestó Luck ilusionado.
            Permanecieron quietos observando el incandescente horizonte desde el paredón en el que estaban anclados.
-"Habrá que bajar se nos está haciendo de noche"- dijo Luck.
-"Si venga vamos a comernos esos bocadillos de jamón que echó tu madre. Los habrás tapado bién no vaya a ser que estén llenos de hormigas como aquella vez"-.
-"Descuida Dani, esta vez vienen acorazados"-.

            Descendieron en menos de tres minutos. Decían que ya no les emocionaba el rápel, pero les encantaba la velocidad hacia el suelo y calentar los ochos hasta que no se pudiesen tocar, por si acaso se prestaba la oportunidad de gastar una broma pesada a algún iniciado presuntuoso.
            El jamón estuvo muy rico, aunque apenas les dio tiempo a saborearlo. La barra de pan desapareció más rápida que el descenso. "No hay que cargar excesivo peso para escalar" decían, pero la verdad es que casi siempre se quedaban con hambre por no tener más que unas míseras latas precocinadas y cuatro barras de pan para una semana.
            Después y ya casi en plena oscuridad encendieron su lámpara de gas y la colgaron de un matojo enfrente de la tienda. Dani como siempre sacó su cuaderno de notas y Luck sintiéndose desplazado y poco a juego, decidió ponerse también a escribir:
     -"Mira Dani, hoy también voy a hacer de intelectual"- dijo con sorna.
     -"Me alegro por tí, hombre"- contestó Dani sonriente-"creo que yo necesitaría sacar de dentro de mí un secretario que tomase buena nota de todo lo que siento en cada instante, porque claro, a veces llega la inspiración cuando estoy escalando y entonces.... no puedo. Aprovecha, los mejores momentos son los nocturnos. A mí me encanta ver como los demás duermen mientras yo pienso, medito e imagino, desearía no tener la necesidad de dormir, pero como maldito mortal que soy también me tienta el sueño y me fastidia tener que terminar los escritos con esta absurda frase: << Me duermo tengo que dejar la pluma, zzzz>>. Bueno, Luck, escribe sin piedad y aprovecha mientras puedas"-.
     -"Voy a terminar una canción que quiero regalarle a un colega, para su grupo de Rock Radical Rural, si no me sale algún verso te pregunto ¿vale?, yo con la poesía soy bastante malo"-
     -"¿Rock Radical Rural?"- preguntó Dani asombrado.
     -"Sí, así es como le llama mi colega, el "Manu", al tipo de música que hacen. Tu no los conoces son del pueblo de mi vieja"- contestó Luck.
            Los dos volvieron su mirada sobre sus escritos y mientras Dani releía uno de sus papeles, Luck miraba al cielo como esperando la inspiración buscando mentalmente palabras que cuadrasen bien en sus rimas, no fuese a ocurrirle aquello que Dani siempre decía <<...Escribir sobre pedido, nunca trae buena literatura>>.
            Al cabo de un buen rato dijo sonriente:
            "-Ya está Dani, a ver si te gusta"- y comenzó a recitar             tarareando improvisadamente con la música que al él le parecía más apropiada para su letra:


-" Atrás quedaron siglos de guerras entre hermanos,
rencores idealistas, ignorancia colectiva.
Olor, iglesia, muerte, poder desmesurado
Dolor, silencio, gritos, violencia inquisitoria.

HEMOS CONSEGUIDO CAMBIAR....?

Y vi crecer los pueblos, conquista apresurada
de alguna tierra virgen que nunca conocimos.
Poblar, colonizar, pon tu propiedad privada.
Construyeron, destruyeron, consiguieron gobernar.

HEMOS CONSEGUIDO CAMBIAR EL COLOR DE LA RIBERA....

Sembraremos en los montes cortaremos las carrascas,
labraremos los caminos los cerros y las ramblas.
Con tractores como iglesias sembraremos las cebadas,
Los nitratos, los sulfatos que no salgan hierbas malas.

HEMOS CONSEGUIDO CAMBIAR EL COLOR DE LA RIBERA
ANTES ERA VERDE....?

Estar con Europa si la crisis no acompaña
más barato es el comprar que vendérselo por nada
Pediremos macroindustrias que levanten la comarca
nuestra tierra es la más pobre, ¡Qué no nos quede olvidada!

HEMOS CONSEGUIDO CAMBIAR EL COLOR DE LA RIBERA
ANTES ERA VERDE, AHORA ES MIERDA.
HEMOS CONSEGUIDO CAMBIAR EL COLOR DE LA RIBERA
ANTES ERA VERDE, AHORA ES MIERDA __ ".
    
     -"¿Tu no has escrito nada o qué?"- preguntó un poco ruborizado Luck al pensativo Dani.
    
     -"No"- dijo seriamente -"he estado releyendo la carta que me envió mi padre poco antes de morir. ¡Ah! por cierto la canción esta bien, es irónica y reivindicativa, aunque creo que le falta un poco de color y belleza en los versos"-.

     -"Mi padre"- continuó diciendo Dani con voz pausada y grave -"murió siendo un hombre confuso y quizá también arrepentido, tras esa maldita educación judeo-cristiana que nos obliga a mirar lo que hemos hecho tiempo atrás y atormentarte si crees que no lo hiciste bien. Te voy a leer lo que me escribió. Él era consciente de lo que significa la muerte en tu propio ser, una muerte anunciada, su fin y sus últimos días persiguiéndole sin poder frenar ni echar marcha atrás, sin poder cambiar nada, sintió que se habían esfumado todas sus segundas oportunidades. Todo lo hecho, hecho está y lo que se quedó por hacer seguirá siempre así, eternamente, al menos para él. Sé, que al final comprendió ser un hombre que como muchos se había equivocado, aunque a pesar de ello él, todo lo que hizo, lo hizo con buen fin. Y me pesa saber que mueren más tranquilos los equivocados, los que jamás quisieron darse cuenta de su error, los que llaman Dios a su corta conciencia y creen que realmente han sido buenos hombres porque siempre han consultado con él y si algo salió mal fue porque él así lo quiso.
     Su relación con mi madre.... tampoco fue demasiado buena, su diferencia en las formas básicas de pensar les hacia entrar en una casi continua discusión. Sé que mi padre deseaba hacerla feliz, pero no pudo encontrar el camino perfecto, aunque en el fondo se respetasen y se quisiesen. Creo que en sus esfuerzos por traer libertad para todos en aquella casa, traía la guerra con ideas y extraños argumentos que sólo él comprendía.
     Conmigo era diferente él quería sobretodo que triunfase en la mediana sociedad, tenía miedo de perderme, como hijo y como persona convirtiéndome en un deshecho social, que no aprendiese a discernir claramente entre bien y el mal, a rechazar lo superfluo y disfrutar con lo esencial, que no supiese saborear el esfuerzo y la superación. Pero al final supo que no se deben forzar tanto las situaciones para educar y tratar a las personas, la naturalidad y el dejar fluir la vida, con pequeños influjos sutiles para dirigir tus acciones, era lo esencial para alcanzar la armonía, por eso él dijo que para transmitir felicidad a los demás obligatoriamente se debe llegar a ser realmente feliz uno mismo"-.

            Y ya con los ojos brillantes, como si sus lágrimas fuesen a empezar a brotar, comenzó a leer emocionadamente la carta, entre sollozos y suspiros que entrecortaban su lectura:
    
            Querido Dani:
     Ya no puedo tratarte como a un niño, por eso te llamo así, aunque realmente sigues siendo mi hijo y mis sentimientos hacia ti, siguen siendo, también, los mismos que siempre he tenido y que tú ya sabes cuales son, y los comprenderás todavía mejor cuando vayas avanzando en la maldita y traicionera edad. Aunque también sabes que a veces no te lo he demostrado claramente, debido a mis esfuerzos por que te hicieras un hombre libre y de provecho sin que te rechazase nuestra abrumante, asfixiante y a veces tan lejana sociedad.
            Te escribo porque sé que así leerás pausadamente lo que quiero decirte y porque nuestras conversaciones se han hecho tan de padre a hijo que la confianza verdadera y el trato entre iguales no se ve reflejado realmente en nuestros diálogos. Hoy quisiera que escuchases a tu corazón y si en algo coincide con mis consejos, ten por seguro que no son tonterías y de ningún modo lo debes dejar pasar por alto. Creo que el mayor error que cometemos los adultos es tratar a los jóvenes sin acordarnos de lo que de adolescentes sentíamos nosotros, lo básico y no sus múltiples formas de exteriorización.
            Este mes cumples dieciocho años, hoy tienes la máxima libertad y la oportunidad de conservarla y cultivarla, para perderla lo más despacio posible o por el contrario desperdiciarla. No pido que mires al futuro como si tuvieses un catalejo apuntando hacia delante lo que va a venir, porque además de no ver nada, no conviene que en ello malgastes el tiempo, sólo quiero que te deleites con todo lo que hagas. Decidas lo que decidas y elijas el camino que elijas, no permitas que algo o alguien te ahogue o te agobie, apártate todo lo que puedas del malestar y de los malos rollos. Trata de disfrutar al máximo, es de lo único que te podrás regocijar en el futuro, en los buenos recuerdos y por ello deberás sentirte orgulloso. Piensa que el tiempo es como un rico y delicioso helado de fresas con arándanos en medio de un caluroso día de verano, no se puede guardar y desperdiciarlo sería una pena, además si alguien no quiere su helado y te lo ofrece no dudes en comértelo saboreando todo su esplendor. Teniendo en cuenta que nadie debe retener tu tiempo y que lo puedes emplear en lo que quieras, no debes tener miedo a que éste pase, si lo hace dándote placer y bienestar. Si te encuentras a ti mismo nunca estarás solo.
            Sólo quiero decirte que si alguna vez te hice sufrir fue por miedo a perderte y porque yo no he sabido cumplir lo que acabo de decirte, para hacer feliz a los demás es necesario serlo y sentirse bien y por ello intentarlo con todas tus fuerzas, de otro modo resulta tarea imposible.
     Supongo que me recordarás como lo que he sido, aún así quiero que pienses en lo que te he escrito y que sepas que aunque no haya sabido transmitirlo demasiado bien tu y tu hermana sois lo más maravilloso que me ha ocurrido en la vida. Respeta a los demás y haz que te respeten. Eres libre.
     Tu padre.
    
     -"La verdad"- continuó Luck también muy serio, tras un largo espacio de silencio -"es que los buenos y malos recuerdos hacen de la nostalgia un sentimiento profundo con ciertos matices de alegría entristecida y melancolía risueña. Te dejan la cara inmóvil, la mirada perdida y como dice Sabina en lugar de sonrisa una especie de mueca. A veces los estados de lágrimas y risas tontas cortas se entremezclan y tu mente vaga sola intentando abrazarse a los cálidos recuerdos. Me ocurre cuando pienso en mi hermana y la veo cuando yo todavía era un niño y ella ya casi una adolescente, me decía que yo imaginaba historias sin sentido pero muy graciosas y macabras. Le contaba: <<que yo tenía un hermano que se llamaba  <Perdo> que vivía en una cueva con sus padres y que un día bajando las escaleras tropezó y cayó rodando hasta una de las muchas puertas que allí abajo había, está se abrió y el cayó al fuego y por eso murió>>. Ella reía ante tales disparates y como yo no sabía pronunciar la unión de dos consonantes, se empeñaba en que dijese Pedro y habla en vez de <<halba>>. Cuando aprendí a escribir jugábamos por las noches, antes de dormirnos, a inventar palabras y sílabas impronunciables <<dla, dle, dli, dlo, dlu, jra, jre, jri, jro, jru, mla, mle, mli, mlo, mlu>> y cosas por el estilo.... Luego se fue de casa y tardé mucho tiempo en comprender el motivo, lo peor es que perdimos aquella complicidad de íntimos hermanos y en las pocas ocasiones en que nos hemos visto después, he notado algo extraño entre nosotros, ya no somos los mismos..... o quizá si, pero la forma de hablar y las desconocidas miradas buscando aquellos ojos de entonces...........¡No se! demuestran que todo se perdió en el abismo del tiempo y que es imposible recuperarlo. A veces con cierta tristeza pienso que aquello fue maravilloso y que realmente mereció la pena a pesar de su no deseada brevedad y de su misterioso y pasivo final"-.
            Volvieron de nuevo al silencio, e iluminados por la tenue y campanilleante luz de las estrellas y cobijados por débil rojo del dobletecho de la tienda, Luck comenzó a hurgar en su mochila, sacó un bote de plástico y ofreciéndoselo a Dani le dijo:
            -"Toma bebe"-
            -"¿Qué es?.-
            -"Bebida isotónica"- respondió Luck.
            -"Trae a ver que tal están estas nuevas marranadas-.
            Dani cogió el bote lo levantó y bebió un trago apretándolo hasta notar un fuerte sabor que le quemaba en la garganta. Sus ojos se abrieron exaltados y al instante bajo el bote e hinchó los carrillos  como si fuese a escupirlo, lentamente se lo tragó y, mirando como se reía su amigo, exclamó:
            -"¡Capullo esto es whisky!"-.
            -"Es por si tenemos frío"- siguió riendo Luck.
            -"Bueno pues beberemos y nos dejaremos ya las historias lúgubres. Anda bebe y cuenta más cosas de tu prima"-.
            Bebieron pausadamente mirando las eternas estrellas y también algunas fugaces que de vez en cuando surcaban el oscuro cielo dejando su brillante y colorida estela luminosa.
            Poco más tarde, cuando Antares estaba a punto de esconderse tras el horizonte, decidieron echarse a dormir, resguardados del frescor nocturno, en el interior de sus mullidos sacos.
                                               * * * * * * * * * * * * * * *


VI

Aquella mañana amaneció entre nubes, cosa que desconcertó a Luck, que como casi todos los días, al despuntar el alba, salía de la tienda para contemplar desde su pequeña figura el desafiante paredón. Un extraño pulso mental entre su rabia y tesón y la quietud y ostentosa fuerza de un gigante que permanecía virgen desde el comienzo de los tiempos.
            Dani solamente abría un ojo los días que fracasaba el sigilo de Luck al salir del saco, y volvía su cuerpo retornando a su inacabado sueño de espuma, masticando el aire de la mañana, con un gesto de indiferencia hacia la actitud madrugadora e inquieta de Luck.
            Dos horas más tarde volvía Luck a la tienda, y en esta ocasión no despertaría a su compañero con impertinentes prisas, pero como si telepáticamente realmente lo hubiera hecho, Dani se despertó en aquella ocasión y sin salir de su saco se arrastró hasta la cremallera, abrió la tienda y se puso a charlar con Luck:
            -"¿Qué, cómo ha ido tu paseo matutino?"- preguntó de forma graciosa.
            -"Mira al cielo"- contestó Luck con los ojos clavados en sus     botas.
            -"¿Nos va a llover?"-
            ‑"Eso parece o por lo menos el tiempo va a cambiar "‑.
            contestó Luck algo apesadumbrado ‑"Si nos pilla una tormenta en la pared estamos perdidos"‑.
            ‑"Sí, empezará a caer tierra y la pared se volverá de un barro pastoso en el que no habrá dios que se amarre"‑.
            ‑"No habrá Dios, no. Y si lo hay, él tiene la culpa de todo"‑ contestó Luck a modo de blasfemia chistosa mostrando su más convencido ateísmo.
            ‑"No te enfrentes con la nada Luck, tu sabes mejor que yo,     que de nada sirve blasfemar contra algo que no existe,"‑ atajó Dani.
     ‑"Ya, pero así si tengo algún cristianito creyente delante lo mosqueó un rato. Porque ellos piensan, y así lo afirman, que su Dios es todopoderoso, omnipotente y omnipresente, y por eso les digo yo que él tiene la culpa de todo y que por ello es mi enemigo, porque me las gasta adrede"‑.
     ‑"¿Eso es una provocación, eh?, Señor batallitas,¡Follonero!"‑ dijo Dani pellizcándole el pómulo, mientras sonreía.
     ‑"Pero si es que son de lo más cínico e hipócrita que existe. Tienen a su Papi, ahí, metido en la cabeza para lavarles la conciencia, achacando a él los sucesos que realmente vienen por azar o que ha provocado el propio hombre"‑.
     ‑"Si sólo fuese eso,..... a mí no me importaría demasiado"‑ añadió Dani. ‑" a mí lo que realmente me mosquea es que nos ven como personas equivocadas y a veces malvadas. No entienden que haya otros caminos para encontrar la paz espiritual y el amor entre los seres si no es el que la iglesia católica propone".‑
     ‑" Pero, si los de arriba son todos unos mamones que no se creen ese cuento ni aún cuando sueñan".‑ interrumpió Luck.
     ‑"Esos son los más peligrosos, porque los mueve el ansia de poder, de dominar mentes y cuanto más ignorantes mejor. ¿Quiénes son los más numerosos en el mundo? Los pobres ¿no?, pues ellos hacen voto de pobreza para camuflarse y hacerles creer que tienen la verdad y poder así controlar sus absurdos ideales ofreciendo vidas eternas y falsos paraísos. Y lo que es peor si la sociedad evoluciona o cambia, ellos poco a poco mutan para seguir confundiéndose con la gente mundana y de a pie, con las masas mayoritarias. Y es justo lo que está pasando ahora con las nuevas sectas de jóvenes cristianos. Tengo un montón de conocidos que sin saberlo están metidos en eso. Y claro, los nuevos curitas y los líderes de estos grupos van de Guays de lo que "marca", si esta de moda llevar el "Walkman" escuchando lo último en hard core, pues ellos lo escuchan, defienden el ecologismo, van en contra de la pena de muerte, promulgan la participación de la mujer en la sociedad, etc... cosas que no hace mucho tiempo hubiesen condenado y por eso aunque John Lenon acertó al decir que Dios era algo que cada persona tenía dentro de su mente, se equivocó al decir que el cristianismo desaparecería tarde o temprano, por que para mí es una religión mutante, un virus para el que no hay vacuna ni veneno que no pueda aprender a esquivar. Se basa en la más inmortal de todas las leyendas y la más adaptable a todo tipo de situaciones y culturas"‑ concluyó Dani.
     ‑"Pues ahora que lo dices yo tengo un amigo de la escuela que también es de los que va a reuniones con más cristianos, creen que van a salvar el mundo y tengo que hacerle una pregunta ¡hombre!, a él que tan por encima de todo tiene a su Dios y que tan "a pies juntillas" sigue su doctrina, obedeciendo a lo que él ordena. ¿Y si un día el primer ministro de Dios, o sea el Papa ese, le diese por decir que Dios le había confesado y ordenado que había que luchar a muerte contra el infiel y exterminarlo de la tierra porque somos los hijos del Diablo? ¿Qué haría me mataría a mí, que siempre fui su amigo y de sobras sabe que yo no soy creyente?"‑
     ‑"Buena pregunta Luck, pero que muy buena"‑
     ‑"Son unos imbéciles sin cerebro potencialmente peligrosos para los que no hemos hecho nada, sino observar simplemente lo que vemos"‑
            Se abrió un espacio de silencio reflexivo y a los pocos minutos Dani propuso:
            "‑Bueno qué, ¿Desayunamos y nos vamos a escalar?"‑.
            La ascensión hasta la repisa de arcilla fue bastante rápida, el anclaje de los sesenta metros de cuerda fija aguantó como era de esperar. Al llegar a la reunión los dos hicieron el mismo gesto, primero Luck y luego Dani, inspeccionaron los clavos intentando moverlos arriba y abajo, pero ninguno de ellos se movió lo más mínimo, cosa que les reforzó la confianza hacia aquellos prototipos caseros.
            Después de tomar un poco de aliento, Luck incitó a Dani:
     ‑"Bueno hoy te toca a ti ¿no? No es que no quiera subir de primero, me gusta, pero quiero que saborees la emocionante experiencia de abrir un largo en este tipo de pared"‑ dijo entre sonrisas el prepotente Luck.
     ‑"Te dejaría subir, pero yo también tengo ganas de hacerlo el primero, así que esperas tu turno, ¡Chulín!"‑. contestó Dani intentando bajarle los humos.
            Dani clavo su piolet derecho y se liberó de la reunión, pasó su cuerda por el mosquetón mientras Luck lo tenía asegurado a su ocho.
-"Bueno, que voy"- dijo.
-"Cuando quieras"- contestó Luck.
            Dani progresó ascendiendo en diagonal hacia la derecha hasta alcanzar, unos metros más arriba, el diedro de arcilla. Apoyado con un crampón clavado en cada una de las dos paredes convergentes y la punta de su piolet izquierdo ligeramente metida en una arcilla algo más seca y dura, se dispuso a colocar su primer clavo en aquella ruta inédita hasta entonces.
            -"Luck, esto está chungo, el puto clavo no quiere entrar, no me aguantará"-
            -"Dale fuerte Dani"- sonrió.
            Entre suspiros y tremendos esfuerzos consiguió meter algo más de medio clavo resquebrajando parte de la arcilla de alrededor y convirtiéndola en bloques de pequeño tamaño encajados entre si.
            -"¡Dame cuerda!"- gritó Dani apresurado.
            Nada más pasar la cuerda por el mosquetón, siguió para arriba sin parar a descansar, probablemente, no por sobrarle fuerzas sino porque no se fiaba de aquel seguro tan precario. Subió unos metros más y se detuvo comunicando a Luck que el próximo seguro lo colocaría en la grieta que servía de arista interior al diedro.
            -"¡No lo hagas Dani! eso se abrirá y si te caes, nos iremos los dos a tomar por el culo"-
            -"Que sí tío, que lo meto aquí, si no, no lo puedo clavar"-
            -"Tu verás Dani pero yo no me fío de eso"-
            -"¿Pero ya no recuerdas cómo empotró yo clavos en las fisuras de Montoro?"-
            Sin hacer caso a Luck comenzó a meter a golpe de martillo su segundo clavo entre dos bloques de tierra reseca del tamaño de dos grandes televisores y volvió a pasar su cuerda por el mosquetón.
Intentó seguir para arriba pero un fallo en su clavada de crampón hizo que resbalara y se quedó colgando solo de unos piolets mal introducidos.
            -" ¡Ojo Luck, que me voy!"- y sin poder reincorporarse vio como se salían poco a poco las puntas.
            La reacción de Luck fue sujetar su cuerda fuertemente. Dani comenzó a caer cuando la cuerda se tensó el clavo superior recibió un fuerte golpe y por sorpresa, los dos bloques que soportaban el clavo se resquebrajaron saliendo despedidos detrás de él.
            Solamente se oyó un fuerte grito de Luck "¡NOOO!", y después un estruendoso ruido, allá en el fondo. Se dejó notar como los dos bloques se desintegraban fortuitamente rodando ladera abajo, convertidos en pequeños trozos de tierra. Habían pasando muy cerca de los dos montañeros. Inmediatamente después Dani se quedaba colgado un metro por debajo de la reunión, lleno de tierra y polvo, sorprendentemente soportado en equilibrio por el primero de sus seguros.
            Luck arrancó a reír tontamente después del tremendo susto  y con el pulso bastante acelerado dijo a Dani:
            -"¿Pero estás loco o qué?"-
            -"Yo me bajo Luck, aquí nos vamos a matar"-
            -"Venga no me seas cagueta, tira para arriba. ¿Te vas a rajar ahora que ya sabemos que esto aguanta de puta madre?             Estas caídas son las que más convencen y no las pruebas y los ensayos de laboratorio"-
            -"Que no tío que esto está muy jodido"
            -"¡Cobarde!".
            Dani miró con rabia a Luck y sin decir nada volvió a emprender su escalada apresuradamente, odiaba profundamente que alguien le llamase cobarde, lo sentía así desde su infancia cuando su padre enojado, al ver a su hijo agredido por otros más violentos que él, se lo decía repetidas veces para que se defendiese <<¡Cobarde!, ¡Cobarde!>>.
            Luck comprendió que se había molestado bastante.
Cinco seguros más arriba colocó la segunda reunión en mitad del diedro, unos cuarenta metros por encima de Luck, y allí espero a su compañero. Cuando éste llegó a su lado, se aseguró en uno de los anclajes que Dani había clavado con furia hasta la anilla en aquella dura arcilla.
            -"Perdona si te has enfadado Dani"-
-"Creo que no hago mal a nadie siendo un cobarde y no sé lo que entiende tú por ese adjetivo, pero si te molesta que lo sea, quiero que sepas que tu también encajas muy bien en la definición que yo tengo de subnormal. No me gusta la sensación de superioridad que aparentas cuando hablas, ni el abuso de poder que ostentas y con el que tratas a los demás y yo personalmente detesto y rechazo toda clase de veteranías, rangos y jerarquías"- dijo muy serio y molesto un Dani bastante concienzudo y afectado.
            Luck realizó el siguiente largo sin decir nada y con muestras de humildad, generosidad y disculpa, hasta el descenso al atardecer. Aquella tarde fue un poco gris para la verdadera amistad de Luck y Dani, las palabras fueron mínimas.
            Por la noche Dani escribiría a la luz de la lamparilla de gas:

            <<Las características del ambiente que te rodea y las de las personas con las que te relacionas, son algo que uno no puede cambiar ni dominar y por tanto determinados movimientos y consecuencias se deben considerar como inevitables. Sólo una persona inteligente debe ser dueña únicamente de sus actos y saber actuar cuando las condiciones y las circunstancias son favorables. Yo, precisamente, no soy esa clase de persona o por lo menos en determinados momentos. Lo de esta tarde ha sido un error y sé que en otro momento hubiera merecido la pena muchísimo el intentarlo, pero en esas condiciones ha acarreando una serie de consecuencias encadenadas, que han convertido el día en una atmósfera un tanto amarga. Quiero intentar ser más sensato en todo lo que haga y diga de ahora en adelante.....





Mientras todos duermen y yo respiro,
sigo vivo con la mente muy despierta.
Observo, medito, y aún me alienta
sentir que aún puedo ser yo mismo en este sitio.

Me llena la quietud nocturna,
su romance silencioso me hechiza,
me embelesa la bellísima luna
mandando sus destellos color ceniza.

Quiero ser aquel búho que observa,
indiferente y paciente en su rama
ajeno al resto, siempre alerta.

Quiero ser el Mago-Alquimista que ama
la vida, mi libertad y la vuestra,
a todas las brujas, hechiceras y hadas>>. 



                                   * * * * * * * * * * * * *


VII
               Aquella tarde, alcanzaron una repisa a pocos metros por debajo de la entrada a la gran chimenea de la que habló Luck en sus planes. Un larguísimo pasillo vertical de arcilla con pequeñas piedras y cantos rodados, que desde lejos parecía uno de los pliegues del mantel que colgaba de la gran meseta.
               Aquella mañana los dos montañeros se despertaron prácticamente al mismo tiempo, desayunaron intercambiando pocas palabras y al poco Luck se empezó a sentir incómodo en aquella situación atípica, extraña y enrarecida entre los dos.
              -"Dani, quiero que sepas que siento de verdad lo que te dije ayer y que asumo y respeto todas las decisiones, que al respecto, quieras tomar, aunque me gustaría que lo antes posible volvieran de nuevo nuestras viejas risas, las críticas, la conversación siempre amena,......,en fin ya sabes nuestro rollo de siempre"-
  -"Sí, Luck, yo también estoy un poco raro por mi comportamiento de ayer, perdóname”- dijo Dani extendiendo la mano para estrechársela a su amigo de un modo muy peculiar.
            -"Es que a veces Luck , me da la sensación de que estamos tan metidos en esto que toma los matices y el carácter de un trabajo, un negocio a medias, un deber o una obligación inexcusables y cuando yo percibo todo esto me dan ganas de dejarlo y que sigas sólo, que te quedes con tus prisas y con tu ¡Corre,venga,va!. Me molesta vivir como una locomotora, con la pesadumbre de tener faenas retrasadas, de no llegar a tiempo. La vida no es para eso, el tiempo es para saborearlo y el ocio debe ser un gusto y un placer no un sacrificio. Así que por mi parte, fuera obsesiones, metas, horarios, fechas y calendarios. Subir sí y si alcanzamos la cumbre mucho mejor, pero a nuestro ritmo y sólo porque queremos estar ahí y nos apetece en ese preciso momento"-
-"Totalmente de acuerdo Dani"- dijo Luck mientras estrechaban sus manos.
               Y acto seguido se dieron un abrazo y se dispusieron a preparar todo el material para reanudar su ascensión. Cada vez se requería un mayor esfuerzo y más tiempo para alcanzar el último nivel escalado. Aquella mañana, cuando ya tenían tres cuerdas fijas colocadas y la altura alcanzada rondaba ya los ciento cincuenta metros, necesitaron emplear dos horas para empezar a escalar en terreno virgen. El diedro había terminado en una falsa repisa. Seis metros más arriba y ligeramente a la derecha la pared empezaba a hundirse suave y progresivamente hacia adentro como en un tubo cortado en diagonal .
               -"Venga Luck ¡Dale caña!"- dijo Dani después de haber descansado un rato y habiendo llegado esta vez el primero.
               Luck observó el impresionante vacío que colgaba bajo sus pies y regocijándose en el extraño placer que el miedo le producía en las alturas, contempló el paisaje dando suspiros de satisfacción y gloria, de bienestar y libertad, de grandiosidad. Miró de nuevo hacia arriba, proyectó sus ojos sobre el recorrido que le esperaba y le dijo a Dani: -"¡Voy!"-.
               Los primeros pasos eran bastante expuestos, la mala calidad de las margas secas, hacía que en cada golpe de piolet saltase algún trozo y la punta no se quedase amarrada de forma firme. Colocó el primer seguro a unos tres metros de Dani y sin esperar a comprobar su resitencia, como si no se fiase de su trabajo, prosiguió hasta alcanzar la boca inferior de la chimenea, donde la pared ya era un poco más rojiza y empezaban a verse algunos pequeños cantos rodados incrustados en la arcilla. Allí colocó, a golpe de duros martillazos el segundo clavo y tomando un respiro descansó sobre él.
               -"¡Ostras!"- exclamó Luck mirando hacia arriba -"Esta chimenea es más bestia y guapa de lo que parecía, allá arriba parece que se cierra mucho. ¡Esto es una caña Dani! ¡Que túnel más chulo!"- gritó Luck nuevamente emocionado. Y continuó, decidido, hacia arriba ansioso por recorrer esa cascada incrustada en la pared como una vena. Intentó colocar el siguiente seguro, pero esta vez los pedruscos interiores del conglomerado hacían tope en el clavo y a penas pudo introducirlo varios centímetros, colocó un cintajo en el cuello de la varilla con un nudo de alondra junto a la pared y siguió escalando sin darle demasiada importancia al hecho de tener bajo sus pies un anclaje muy poco fiable. Apoyaba ahora también los crampones, en los cada vez más numerosos cantos rodados, que iban adquiriendo un mayor tamaño a medida que  se ganaba altura.
               -"!Dani¡"- gritó "ten cuidado aquí hay algún canto suelto".
               -"¿Cómo vas Luck? ¿Está chungo?"-
               -"Ya estoy entre las dos paredes de la chimenea. Aquí ya casi no hacen falta los piolets, se puede progresar en                oposición. !Voy para arriba hacia el Túnel!- gritó contento.
               Al poco tiempo estaba completamente metido en el canal de la pared y no podía ver nada más que medio tubo alrededor suyo y un gran agujero sobre su cabeza, que se elevaba varias decenas de metros y por el que se divisaba parte de un cielo muy azul. Aprovechó un momento para descansar apoyado con un pie en cada pared sobre dos hermosas piedras desgastadas por el agua de un río muy caudaloso y abrupto cuyo cauce seguramente desapareció hace ya varios millones de años. Dudó entre seguir ascendiendo o coger otro clavo para colocarlo, cosa que finalmente ni intentó. Colgó sus piolets al arnés y prosiguió escalando esta vez con las manos.
               -"!Dani!, ¡Dame mucha cuerda!"- gritó Luck, solicitando libertad de movimientos. Él sabía que el último seguro no resistiría e intentar poner otro hubiera sido un fracaso, así que decidió continuar. Le acompañaba la ventaja de la disminución de dificultad conforme se cerraba la chimenea, dándole una mayor sensación de seguridad.
               Dani por su parte dejó más cuerda libre, tal y como había solicitado Luck, y no quiso preguntar más. Comprendía muy bien, que en aquella zona, desde donde ya hacía un rato no se veían y la comunicación se iba haciendo dificultosa, hablar más de lo necesario sólo podía crear confusión. Así que se limitaría a escuchar atentamente los gritos del que escalaba ahora de primero, esperando a que hiciese reunión.
               La luz iba disminuyendo conforme se cerraba el túnel vertical, dejando un pasillo sombrío por el que Luck disfrutaba subiendo incluso en espiral y permitiéndose el lujo de darse la vuelta y observar el afilado paisaje a través de una estrecha rendija que comunicaba el interior con el vacío y el exterior de la pared. Parecía un ave rapaz cobijada en su árbol hueco esperando que llegue la noche. Pero Luck debía continuar hasta el final o no aguntaría con tanto cansancio, así que dejó atrás su esbeltísima y bella imagen delgada, de colgantes cordones de cielo y horizonte y justo cuando se agarraba a unas enormes y abultadas piedras del tamaño de un balón, una de ellas cedió, arrastrando muchísimas cosas. Un estruendo ensordecedor a lo largo de la chimenea, gritos (¡PIEDRA, PIEDRA, DANI PIEDRAS), miedo, silencio, soledad fueron los domiantes durante unos instantes. El eco de los choques contra el profundo suelo se transformó en desconfianza sobre sí mismo y sobre sus distracciones en tareas tan serias.
               Dani tuvo tiempo de arrimarse a la pared y oyó silbar varias veces el viento con fuerza a escasos metros de su cuerpo. Cuando todo hubo pasado Dani quitó las manos de su cabeza y apartándose con precaución de la reunión se asomó y gritó:
-"¿Luck estás bién?"-
-"¡Voy para arriba!"- contestó Luck algo nervioso, aunque que por suerte había apoyado su espalda contra una pared lateral y sin soltar los pies del fondo, la piedra atinó a pasar entre sus piernas sin rozarlo.
               Se incorporó y siguió su camino, esta vez sin distracciones y mucho más concentrado en la escalada, aunque también sin colocar de nuevo ningún otro seguro.
               -"¡Ten más cuidado!"- aconsejó Dani desde abajo que por un momento había esperado ver salir volando de la chimenea también a Luck detrás de la lluvia de piedras.
               Alcanzó Luck el final del túnel pocos minutos más tarde. La chimenea terminaba en una amplia faja, un trozo de ladera poco ancha, perdida entre dos precipicios. Luck se apresuró alegre y nervioso, para que su amigo viera aquello pronto. Corrió a instalar la reunión en suelo firme y una vez acabada gritó con todas sus fuerzas: -"¡REUNIÓN!"-.
               Dani por su parte repitió el tantas veces ensayado protocolo y una vez soltado su ocho: -"¡LIBRE!".
               Luck recogió cuerda hasta tener tensado a Dani, le aseguró y dijo: -"¡CUANDO QUIERAS!"-. A lo que Dani respondió -"¡QUÉ VOY!"- y comenzó a subir, dejando atrás aquella repisa con sus clavos y su cuerda fija que pendía sesenta metros hacia abajo hasta la anterior reunión, y que tanto rato le había servido de sala de espera al aire libre.
               Cuando llegó a la entrada del túnel vertical quedó prendado de nuevo por la grandiosidad y la belleza de aquel rincón. Solo pensaba en dedicarle un escrito bonito con el recuerdo que le dejaría aquella imagen y empezó a buscar las más hermosas palabras que su mente almacenaba para describir aquel lugar.
Pocos metros antes de llegar al final de la chimenea, escuchó canturrear a Luck:

Despierto entre sudores ¿Qué hay en el viento?
me pega un subidón la adrenalina que tiemblo
comienzan los tambores en mi pecho a sonar.

Tormenta en mi cabeza ¡Sol en tu cuerpo!
reyerta de neuronas, lascivia mental,
silueta deslizante, dulce sueño sexual.

Cobarde vergüenza no deja avanzar
me crecen los colmillos cuando quiero decirte:
decirte al oído lo buena que estás,
decirte lo buena, lo buena que estás,
decirte al oído lo buena que estás.

TU SUBERSIVO CULO, TU CINTURA DE SEDA,
TUS SUDOROSOS LABIOS, TUS INTRIGANTES TETAS.
TU SUBERSIVO CULO, TU CINTURA DE SEDA,
TUS SUDOROSOS LABIOS PONTE GUAPA HAY LUNA LLENA.


                                               

               -"¿Qué cantas tío? ¡Mira! si es para mí me vuelvo, ¿eh?"-       advirtió Dani sonriendo.

                             -"Es de mi colega, el Manu, que de todo lo que le ocurre, intenta inventar una canción. Cuenta que encontró  en sueños a una chica de clase durante una temporada y que al final terminó siguiéndola por la calles de vuelta casa hasta que consiguió regalarle la canción, en forma de poesía. Dice que no se atrevía a decírselo abiertamente y tuvo que hacerlo en forma de asalto, saliendo de improvisto a su encuentro en una esquina desde la que acechaba hacía rato y tras  propinarle un buen susto a la muchacha entregarle la carta. La verdad es que la chica no era demasiado llamativa y además parecía ser una niña bastante recatada, algo que no pega nada con el "Manu", pero desde entonces, la chica le esquivó y no volvió a mirarle sino de forma oblicua y recelosa, como si estuviese mirando a un violador, cuando realmente él cree que le hizo un regalo, un piropo, una canción que ahora canta sin poder ni siquiera dedicársela, porque no se acuerda ya de su nombre. Bueno qué ¿te ha gustado el largo? bonita chimenea ¿eh?"-.
                           -"Precioso"- contestó Dani muy convencido- "Creo que es uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida. Y a tí ¿qué te ha pasado? me has dado un susto de muerte."-
-"Un bolo que se me ha ido, era tan grande que pensaba que no se movería. Me ha pasado entre las piernas casi me voy con él.
-“Bueno que, ¿vamos para abajo? aquí se nos hace de noche enseguida"-

               Cuando llegaron abajo Luck comentó a Dani, mientras           marchaban camino de la tienda:
-"Yo creo que debemos estar cerca de los doscientos metros de altitud, y solo con subir eso en una mañana ya estaremos reventados, creo que lo mejor sería que nos subiésemos algo de papeo para dos días y los sacos de dormir y vivaqueamos en la faja."-
                           -"Si eso mismo te iba yo a proponer ahora, así iremos más tranquilos y podremos saborear las vistas, los atardeceres y los amaneceres del valle desde allí. No olvides de subirte la cámara porque si terminamos ya. Bajaremos por detrás ¿no?" Tengo unas ganas de oírte gritar ya ¡CUMBRE!"-.
-"No te preocupes que yo creo que solo queda un largo. "-
              
               Al llegar a la tienda volvieron a cenar una lata precocinada de albóndigas con pan duro, sacado de los pocos víveres que les quedaban. Después el cansancio llevó sus cuerpos exhaustos al más profundo sueño, dando paso al hermoso silencio y la dulce oscuridad veraniega de aquel valle, los grillos y las estrellas.
                                                * * * * * * * * * * * * * * * *

 VIII
-"Parece que el tiempo ha mejorado, hace una mañana espléndida"-
-"No te confíes Dani"- dijo Luck.
-"No creo que nos llueva, el cielo está hoy muy limpio y azul".
-"Las tormentas no avisan"- protestó Luck.
-"Tocaremos madera"- dijo Dani sonriente mientras acariciaba la cabeza a su amigo.

               Almorzaron algo más de lo normal, no podrían comer hasta la faja de los techos así que debían cargarse de provisiones. Tal y como decía irónicamente Luck lo mejor era llevar la comida en el estómago, ya que así el peso estaba más centrado.
               Cargaron sus mochilas solamente con lo imprescindible: Sacos de dormir; comida y agua para dos días; dos cuerdas de nueve milímetros; escalas; piolets y crampones; y los característicos clavos de diseño. Los arneses abrazaban sus cinturas desde primeras horas del día hasta el final de la tarde siempre cargados de cintas, mosquetones, cordinos, ochos para asegurar y rapelar y un juego de puño y croll para ascender por las cuerdas fijas que días atrás habían estado instalando, dejándolas ancladas en cada repisa.
               Dani iba subiendo el primero y Luck esperaba siempre a que su compañero llegará a la siguiente reunión para no sobrecargar la cuerda.
               La conversación era mínima, nada más se oían dos gritos, cada vez que terminaban un largo y comenzaban consecutivamente el tan ensayado: -"¡LIBRE!", -"¡VOY!"-.
               Ya eran más de las doce cuando Luck, daba los últimos tirones de cuerda saliendo de la chimenea y maldiciendo la no muy cargada pero incómoda mochila. Encontró a Dani tumbado a la sombra que los salientes techos proyectaban al lado de la pared. Estaba agarrado a una botella de agua ya medio vacía.
               Luck caminó por la empinada ladera hacia él, dejó con cuidado su mochila en el suelo y convirtiéndola en almohada se tumbó al lado de Dani.
               -"Pásame el agua buitre"- dijo Luck una vez recuperado el aliento.
               -"Toma, toma bebe,..., si no fumaras tanto"-.
               -"¿Fumar? hace un sol que te cagas pata abajo, además los pulmones los tengo ya recuperados, no he probado un cigarro desde que llegamos.
               -"Sienta, sienta Luck, relájate y contempla la panorámica"-.
               -"Hoy pica mucho el sol"- dijo Luck al cabo de un rato.
   -"Sí, parece que se quiere preparar una tormenta por la sierra. Está muy oscura la     calima".
               -"Ostras con lo poco que nos falta y con lo buen tiempo que nos ha hecho hasta ahora".
               -"Nada tío si nos llueve, mala suerte, resignación y cuando cese para abajo".-
   -"A ver como se porta esta tarde y mañana ya veremos. ¡Saca algo de papeo tío, que me muero de hambre!"- exclamó Luck mirando la mochila de Dani. Acto seguido se pusieron a devorar unos bocadillos de callos preparados la noche anterior.
               La oscura bruma del cielo en el horizonte cada vez se hacía más densa y pronto empezaron a verse enormes y brillantes nubes blancas elevándose con celeridad por encima de las montañas. Debajo del nubarrón comenzaron a descolgarse finas y grises melenas de lluvia inclinadas por el viento.
               Los dos montañeros, permanecían sentados pegados a la seca pared bajo los techos, mirando maravillados aquel prodigio de la naturaleza. Enormes cumulonimbus llenos de protuberancias esponjosas animaban a soñar con poder subir a ellos para después descender dejándose caer al vacío,  hasta verse absorbidos por la enorme montaña de algodón. Pero aquellas ficticios mallos sólo podían traer fuertes aguaceros y a lo peor pedrisco entremezclado con estremecedores rayos seguidos de tenebrosos ecos. De repente algunas descargas eléctricas partieron con fuerza el aire a través de la cortina de lluvia dejando fijadas por un instante sus azul-rojizas luces ramificadas.
       Un viento helado con sabor a humedad hizo que Dani y Luck se pusieran un jersey encima de sus breves camisetas de tirantes.
               -"Sopla Luck para que se vaya"- dijo Dani cuando empezaba a oír las primeras frías y gruesas gotas estrellarse contra el suelo.
Por suerte la tormenta solamente acaricio las Cárcavas, por un extremo y al cabo de pocos minutos volvieron a ver salir de nuevo unos alargados rayos de sol entre las nubes, y la lluvia pasó de largo dejando atrás un vistoso y colorido arco iris.
               Olía a frescura, a hierbas que se habían acicalado con su las escasas gotas de agua que caían dos o tres veces en verano. Se percibía un hermoso olor a ozono creado por los rayos, a tierra húmeda y a pálido viento. La tarde se había quedado algo fresca para empezar a escalar así que los dos montañeros decidieron dar un pequeño paseo por la faja pisando una tierra que no solo, no se había convertido en barro, sino que ni siquiera había podido acabar por completo con el molesto polvo.
               -"Ha habido suerte ¿eh? tío"- decía Dani mientras salía de los techos pisando con cuidado sobre sus crampones, comprobando que el suelo no resbalaba.
               -"Si mañana estaremos arriba"- contestó ilusionado Luck.
               Continuaron andando unos cien metros rodeando el peñón mientras la ladera se estrechaba cada vez más, terminando por desaparecer y dejar fundidos el precipicio y la pared que bajaba de un techo mucho menos prominente.
               -"Yo creía que empezaríamos a escalar en terreno liso"- dijo Dani asombrado.
               -"Yo también Dani, pero no te preocupes de peores hemos salido, este techo está chupao"-
               Largo tiempo estuvieron estudiando el terreno sobre el que deberían continuar ascendiendo. Según sus cálculos solo debían de quedar unos treinta y cinco metros hasta la cumbre, pero sobre sus cabezas y a unos seis metros, solamente aparecía un muro horizontal que les impedía ver el resto de la pared, el final del Peñón.
               -"Bueno Dani volvamos hasta las mochilas y vamos preparando las camas de suelo para hacer hueco a los sacos, mañana habrá que madrugar. Obligatoriamente, hay que intentar estar en la cima lo más pronto posible, no vaya a ser que vuelvan las tormentas de la tarde y nos pillen a mitad de camino o en el descenso"-.
               Volvieron con cuidado y al llegar cada uno se puso a montar su reunión para el vivac nocturno. Allí se atarían para evitar caer despeñados al moverse en un mal sueño o al girar dormidos buscando la inalcanzable comodidad de una cama.
               -"A todo esto Dani, ¿tú que dirías si un día me liase con      tu hermana y nos escapásemos a vivir juntos?"-.
               -"Pero tío, ¿Qué dices?¿También te has fijado en mi hermana?, pero... ¿Cómo estás tan salido?.
               -"Dani no me negarás que está buena y además es una tía legal"-.
               -"Pero si te lleva ocho años, además yo a Silvia siempre la he visto como una hermana y no como a una tía, ¿Cómo me           preguntas eso?"-.
               -"Bueno es un suponer, no te mosquees tío"-.
               -"No, si seguro que has soñado con ella y todo, como con tu prima. Tú te tirarías a todo cuerpo con faldas que no fuera escocés"-.
               -"Qué no, Dani, que sólo es para ver lo que pensarías, que ni siquiera he hablado con ella nunca más de dos palabras. Dime ¿que dirías si por una remota casualidad me casara con ella?"-.
               Dani se quedó mudo sin saber que decir, pensando qué contestar a tal disparate, sin pillarse los dedos, para no resultar incoherente a sus ideales, construyendo una respuesta negativa pero libertaria. Al cabo de un rato dijo:
      -" Mira Luck, yo creo que a cada individuo se le debe dar toda la libertad posible para pensar, actuar y expresarse. Nadie se debe sentir forzado a hacer, ni coaccionado para no hacer, con obligaciones y prohibiciones, ni siquiera persuadido por una sutil sugerencia. Está muy mal probar a nadie, la verdadera libertad no consiste en eso.
      Cada individuo debe ser quien es y como es, auténticamente él mismo. Sólo así podrá mostrar su verdad y estar en ella, en su pureza. A partir de ahí se puede decidir si te gustaría o no acercarte a él o ella para decirle <<¿Hola quieres ser mi amigo?>> o tal vez más tarde tu pareja o tu romance, ¿Quién sabe? y no hay que engañarse a sí mismo pensando que alguien no es como parecía, las personas son como son y no hay quien las cambie, y aunque maquilles su personalidad en tus ojos, siempre estará guardada su verdadera y única identidad en lo más profundo de su ser.
      No se bien que quieres averiguar ni hasta donde quieres llegar con tu pregunta, pero por lo que a mí respecta no intervendría nunca en una relación solo por conveniencia mía, aunque he de decirte que de un modo u otro mi relación con cada uno de vosotros se vería afectada, ¿cómo me ibas a contarme después con la sinceridad con la que lo haces ahora, que soñabas con mi hermana o como le habías hecho el amor? ¡No podrías! y yo no podría escucharte, por lo que pienso que a partir de eso cuando nos viésemos nos encontraríamos un tanto raros, sin duda ya no sería lo mismo, confianza y sinceridad verían mermadas su intensidad, bases fundamentales de la verdadera amistad.......Aunque la verdad, no te veo con ella tu eres muchísimo más feo que ella".- concluyó sonriente con esta última frase Dani.
      -"Oye Dani tú sabes que la belleza personal es una cualidad variable y un valor muy subjetivo que depende del entorno en el que se te esté juzgando y de las personas con quién se te compare"- contestó Luck entre las carcajadas de Dani.
      -"Bueno tío, resumiendo, que no me mola mucho la idea"- dijo Dani cuando terminó de reírse.
      -"De todos modos no se por que nos comemos la cabeza siempre con cosas raras en vez de vivir el momento y no lo digo por nosotros que quizá seamos de los que menos nos preocupamos por lo que vendrá, sino por la juventud en general. Lo peor de la vida será cuando creas haberte equivocado o haber estado viviendo equivocado creyendo en un ideal falso y trabajando para conseguir algo que no existía y darte cuenta después de que ya es demasiado tarde para rectificar y de que has gastado tanto tiempo en no disfrutar y en preparar tu futuro que ya te sientes viejo y sin vida para gozar, para saborear el paraíso, el tan ansiado ocio. Ocio que por otra parte lo emplearás en construir, arreglar, preparar, organizar..... todo conducente al disfrute, pero ninguna de estas acciones son un fin en sí mismas. Y es que yo creo que el hombre es un animal que no sabe vivir tranquilo, no puede estar tumbado al sol como otros, se le cae la casa encima, se siente como un gato encerrado, necesita crear, ser el más poderoso, tener más y más, dominar el mundo y maltratar su corazón y su mente sobrecargado de estrés. Nadie sabe vivir bien. Y si por lo menos quedase el consuelo de que las conclusiones que obtienes, cuando te das cuenta de que has perdido el tiempo intentando llegar a ser feliz, le sirviesen a alguien... Pero no, no le sirven a nadie, cada uno tiene que experimentarlo en sus propias carnes, cada individuo debe equivocarse una y otra vez para darse cuenta de su error sin hacer nunca caso a las recomendaciones de sus predecesores. Por eso el hombre no cambiará jamás. por su eterno, testarudo y a la vez maravilloso individualismo. Por obcecarse......
      ¿Dani, te has dormido?"-. Exclamó Luck.
               -"No pero casi"- dijo con voz soñolienta un fatigado Dani    recostado en su mochila.
               -"Vaya chapa te estaba dando, creo que lo mejor será que descansemos, el sueño ya me estaba haciendo delirar otra vez"-.
               Y sin cenar, nada más que unos tragos de zumo y con las primeras estrellas brillando como reinas del crepúsculo, se acomodaron atados a sus correspondientes clavos, y se colaron despacio dentro del saco.
               No les dio tiempo a saborear y deleitarse con sus ojos como en otros atardeceres, ni tampoco Dani podría escribir en su cerrada libreta aquel contraste de colores cálidos irisados con fuertes azules, en un cielo ya casi nocturno. Las numerosas filas de nubes y los rojizos cirros anunciaban que posiblemente hubiese tormentas en la jornada siguiente, pero poco a poco fueron desapareciendo dando lugar al dominio absoluto de otro nuevo y magnífico cielo estrellado que desde la faja de los techos, donde el sueño y el cansancio se habían apoderado hoy de los dos montañeros, casi se podía tocar.

                                                            * * * * * * * * * * * *
 


IX
-"Vamos Dani despierta, ha llegado el día, hoy conseguiremos la gloria, ¡Arriba! ¡Levanta"-.
               -"Ya voy, ya voy tío Pesao"-.
               Dani salió del saco, se encontraba extraño atado dentro.
-"¡Dios!, que mal se duerme así, ¡Cómo me duele la espalda!"-, dijo quejoso frotándose los entreabiertos ojos.
-"Venga desayuna fuerte que ya no habrá nada más para comer"- advirtió ilusionado Luck.
-"¿Tú qué....? ¿Cuánto tiempo llevas despierto? Hoy no habrás podido pasear mucho ¿no?.
-"Tengo muchas ganas de llegar tío, tengo unas ganas locas de gritar en la cumbre a los cuatro vientos, deseo…"-.
-"Calma, calma Luck relájate, que te veo muy eufórico y aún no hemos ni empezado"-.
-"Ya casi estamos, es solo un empujón, venga sal del saco y desayuna".
      -"Vale, vale ya voy no seas cagaprisas, además no me atosigues que he tenido una pesadilla muy estresante en la que me perseguía el tiempo. ¡Y todo por tu culpa!: Teníamos que bajar un barranco y estábamos en una casa-albergue alquilada en un pueblo por el que discurrían las aguas de aquel río, tú te habías ido a buscar la senda de acceso carretera arriba y yo me asomé a la parte inferior del barranco, que pasaba detrás de nuestra casa. Subí un poco más y tras recorrer un estrecho y empinado sendero arbolado llegué a un claro donde se encontraba un campamento de verano, allí acababa la carretera, entonces me di cuenta de que la garganta que deseabamos recorrer estaba mucho más arriba. Volví a la casa asomándome varias veces al cauce del río que por allí también era escarpado, tú sabes que siempre me ha gustado andar por las cornisas, al llegar al albergue, tú ya habías vuelto y comentamos haber estado los dos en el mismo campamento aunque no nos vimos. <<Bueno pues>> dijimos <<preparamos todo y vamos allá>>. Organizamos todo el material que necesitábamos, con mucha prisa como si se nos acabase el tiempo, salimos a la calle cuando el sol ya iba a ponerse, <<Corre, que corre aún nos da tiempo>>, pero nos habíamos dejado la cámara. Subo corriendo las escaleras de la casa, busco entre las mochilas, al cabo de un rato la encuentro, la cojo y ordeno todo cómo estaba. Al bajar por las escaleras me doy cuenta de que falta algo más <<¡Lo sabía no lleva la batería>>, con el corazón a cien y unos nervios que no veas, vuelvo a subir. Cuando salgo de nuevo con todo preparado la noche ha caído por completo y la cruda realidad nos dijo que no se podía bajar el barranco. La desilusión me inundó y ahora me despiertas tú con prisas, ¡Que poca delicadeza!"-.
      -"Anda que no eres raro ni nada, sueñas unas cosas, venga vamos a comer algo"- dijo Luck en tono criticón.

               Después de acabar con todos los víveres, excepto una botella de litro y medio de agua, recogieron todo ordenándolo bien en la mochila para hacer más cómodo su transporte. En los arneses colgaron todo lo necesario y con más nervios que serenidad se acercaron al final de la faja dispuestos a dar el salto final, el último paso de la vía, la clave para culminar la ruta que hacía casi una semana habían comenzado.  Zanjaban así un viejo sueño convertido en realidad.
               Dani colocó dos clavos al pie de la pared donde se aseguró él y también a su compañero. Luck estaba muy animado así que sin esperar demasiado comenzó a escalar. A los seis metros tocó el techo y metió un clavo en la grieta que formaba la arista con la pared.
               -"Eso entra demasiado suave ¿no?"- sugirió Dani.
               -"Sí eso parece, voy a colgarme de este un poco y coloco otro en mitad del techo".-
               A cada golpe de martillo caían considerables trozos de tierra y piedras, que salían desde las grietas que se generaban.
               -"Luck, eso está muy suelto ¿no?"- volvía a preguntar Dani nervioso dudando sobre la seguridad de aquel itinerario.
               -"Dani intenta esquivarlos, no puedo hacer otra cosa"-
               -"A ver si se va a caer el techo entero"-, replicaba Dani con temor.
               -"No te preocupes Dani, es tan grande que ni se mueve".- contestó Luck entre risas cuando terminaba de colocar el clavo propinándole los últimos mazazos.
               Luck se colgó literalmente del clavo, que aguantó asombrosamente sin moverse ni un ápice, luego colocó allí una escala para apoyar sus dos pies y dijo a Dani: -"Ahora, ¡Al loro! que viene el paso chungo, cuando te pida cuerda dame bastante".-
               Largo rato estuvo descansando para coger fuerzas, tanteando el borde del techo, que ahora tocaba ya con la mano.
               -"Hay buenos cantos Dani, parece piedra, pero aún así, no    se si voy a poder subir desde aquí, creo que voy a colocar otro clavo más cerca del borde"-.
               -"Como veas Luck, aunque cada golpe de martillo en ese techo me resulta un suplicio, parece que se va a desplomar en forma de bloque".-
               -"Lo intentaré hacer con más cuidado Dani"-
               Luck se reclinó hacia detrás y a escasos treinta y cinco centímetros del borde, empezó a clavar el siguiente seguro. Los trozos de arcilla y piedra seguían desprendiéndose a cada martillazo y de repente Luck se dio cuenta de que el techo se estaba agrietando por el mismo sitio donde estaba siendo agujereado. Luck dejó de martillar y Dani supo que algo extraño pasaba.
               Dani lo miraba fijamente, absorto y preparado para soportar una caída, pero Luck no dijo nada y chapó en ese clavo medio metido, a modo de seguro psicológico, e intentó realizar el paso a pulso.
               -"Dame cuerda Dani"-.
               -"Ten cuidado Luck"-.
               Luck se colgó con las dos manos en el borde del techo, hizo una flexión y volteando su cuerpo hacia un lado consiguió colocar su pie derecho en un agujero. Subió una mano y haciendo un tremendo esfuerzo que casi le supera, consiguió incorporarse apoyando los dos pies. El tirón le había dejado casi sin fuerzas y el miedo empezaba a molestarle un poco.
               -"Dani esto está muy suelto"- gritó.
               -"Luck venga, que ya está, coloca otro seguro y descansa"- dijo Dani animándole e intentando tranquilizarle, cuando empezaba a notar a Luck bastante nervioso.
               -"Tío esto está muy mal, está todo agrietado y suelto"-.
               -"Venga asegúrate con el piolet"- le dijo Dani procurando un tono tranquilizador cuando éste ya empezaba a temblar por el flaqueo de fuerzas y un pánico que nunca había conocido.
               -"Es el techo, Dani, es un bloque se va desplomar si clavo     algo"-
               -"Asegúrate tu primero y luego piensas"- gritó Dani perdiendo un poco los estribos.
               -"Voy a seguir"-.
               -"¡No Luck!, asegúrate o el que se va desplomar eres tú, veo como te tiembla la pierna desde aquí"- volvió a gritar.
               Luck cogió tembloroso su piolet lo colocó en una grieta horizontal y se dejó caer sobre él cuando ya no podía más. La punta del piolet hizo palanca en la grieta y esta empezó a hacerse cada vez más grande, el enorme bloque sobre el que estaba apoyado se desplomó agrientándose en dos enormes cubos irregulares, inmediatamente después, mucho ruido, gritos, pavor y una gran nube de polvo devolvieron un terrible y trágico silencio al valle.